Recentrando la relación China-UE

CRI 2019-04-12 15:24:03
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Europa emerge este año como una de las grandes prioridades de la política exterior de China. En ello influyen dos factores principales. De una parte, la necesidad de reforzar el compromiso mutuo con la gobernanza global en base a un conjunto de principios y valores compartidos que incluyen la defensa del multilateralismo. De otra, la urgencia de intensificar el diálogo y los contactos al máximo nivel para aclarar intenciones y desechar malentendidos definiendo la orientación y los ejes de la próxima fase de la cooperación China-UE, dando un impulso significativo al tratado bilateral de inversiones o sumando esfuerzos para la reforma de la OMC.

Tras la visita del presidente Xi Jinping en marzo, es ahora el turno del primer ministro Li Keqiang quien llega a Europa con un nuevo catálogo de reformas bajo el brazo que fueron aprobadas en el transcurso de las dos sesiones del pasado mes, unas innovaciones que, entre otros, deben responder positivamente a las preocupaciones de la UE.

China y Europa comparten en gran medida la visión de los trazos principales de las grandes tendencias internacionales. Son socios estratégicos globales y ambos están interesados en inyectar estabilidad en el orden mundial.

Europa debe ser Europa

La visita del primer ministro Li Keqiang transcurre en un momento delicado para la UE. Treinta años después de la caída del Muro de Berlín, Europa se enfrenta a una grave crisis de identidad. El Brexit, las tensiones migratorias o las expectativas que rodean las elecciones del próximo 26 de Mayo retratan la compleja coyuntura del viejo continente.

Más que nunca, hoy es apreciable que aquel muro que simbolizó la Guerra Fría no solo cayó hacia un lado, sino hacia los dos lados, aplastando no solo uno de los dos modelos vigentes en la Europa de entonces sino originando profundas consecuencias para todos.

Frente a la exultación inicial del alargamiento de la UE, que pasó de los 11 socios de 1989 a los 28 actuales, Europa tiene hoy serias dificultades no solo para trascender la pérdida de velocidad del proceso de integración sino también para autoafirmarse como tal. Sea como fuere, su futuro como actor autónomo sigue dependiendo de la capacidad para profundizar y consolidar –no abandonar- su modelo económico, social, político y cultural.

China con Europa

En las últimas décadas, entre China y Europa ha existido siempre una “química” peculiar que permitió ese gran salto en las relaciones bilaterales que reflejan fielmente unas relaciones económicas de indudable relieve.

Hoy China quiere responder a las dudas de la UE a propósito del sentido general de su reforma y apertura. Las inquietudes a propósito de la Iniciativa de la Franja y la Ruta se van disipando poco a poco. En verdad, no resulta coherente que países como Alemania, Francia o España, por ejemplo, se sumaran en su día al BAII (Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras) y ahora recelen de suscribir un memorándum sobre la Franja y la Ruta. ¿Qué cambió? Sin duda, el dato más relevante es la intensificación de la hostilidad estratégica de Washington, que ansía contagiar a la UE.

China no es una amenaza para Europa. Incluso en el orden de las inversiones, respecto a las cuales algunas capitales se manifiestan a la defensiva, los datos hablan por sí solos: pese al importante avance registrado en los últimos años, el stock acumulado de inversiones chinas en Europa no alcanza ni el 1 por ciento frente al 32 por ciento de EEUU.

No es China quien alienta los movimientos antieuropeístas en el seno de la UE (como si hacen figuras tan próximas a la actual Administración de EEUU como Steve Bannon) ni cabe entender así su apuesta por la intensificación de las relaciones bilaterales complementarias con algunos socios europeos en particular o con determinadas subregiones como los países de Europa Central y Oriental. Pero tampoco China puede resolver los problemas de los europeos.

Incertidumbre

Frente a las incógnitas que suscita el futuro inmediato, la relación bilateral China-UE precisa ofrecer un contrapunto positivo a una coyuntura geopolítica condicionada por las tensiones comerciales y estratégicas EEUU-China. Esa es la sabiduría que se requiere en el momento presente.

Xulio Ríos

Director del Observatorio de la Política China

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