Dos sesiones, muchas decisiones

2018-03-20 11:42:48
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Por Xulio Ríos

En las “lianghui” de este año se han adoptado decisiones de gran importancia que reflejan ese contexto de gran transformación y gran cambio, de grandes expectativas y esperanzas, que vive China actualmente. Las dos instituciones, la Asamblea Popular Nacional y la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, se han sumado así a esa “nueva era” que perfila los contornos de ese tiempo decisivo que vive China, tanto en el orden histórico como igualmente en atención a los desafíos que plantea el momento presente.

En primer lugar, la revisión de la Constitución, en línea con las decisiones adoptadas por el XIX Congreso del Partido Comunista de China, plasma esa sensación de hallarnos inmersos en un nuevo tiempo político en el que la iniciativa del PCCh trasciende la hipotética inmutabilidad de las reglas establecidas y vigentes durante décadas. Si la Constitución del año 1954 logró poner en pie a China y la de 1982 acelerar su desarrollo, la decisión del nuevo liderazgo de apostar por la maximización de las posibilidades del país y convertirlo en un actor poderoso en el orden internacional traza nuevas normas y procedimientos.

No menos importantes son los cambios introducidos en la reorganización del Consejo de Estado, del Ejército Popular de Liberación o de las organizaciones populares, a los que habría que sumar el propio PCCh a la luz de sus decisiones de otoño último. Sin duda, la reducción de la burocracia es un empeño reconocible pero igualmente el ajuste común para poner a punto la maquinaria esencial para alcanzar aquel magno objetivo en condiciones de mayor cohesión y eficiencia. La creación de un nuevo sistema de supervisión que abarque de manera profesionalizada e institucionalizada el conjunto del aparato público dotará de objetividad el saneamiento de las instituciones con políticas preventivas que mejorarán con la transparencia y la preservación de una legalidad al alza de sus actuaciones.

En tercer lugar, habría que destacar el impulso a la revitalización del campo. La transformación de la economía rural, otrora atrasada, es un empeño de larga data. El campo sigue siendo un eje esencial de la política, la economía y la sociedad chinas. La sucesión de no pocos fracasos y la insistencia en la experimentación de numerosas medidas han derivado en la adopción de alternativas innovadoras para consolidar una agricultura moderna. El alquiler de tierras agrícolas a empresas para su explotación y desarrollo augura una transformación cualitativa que por sí sola no estaba al alcance de los pequeños agricultores.

Por último, la revalidación de la lucha contra la pobreza con el horizonte de 2020 plantea la consecución de otro objetivo histórico que tanto en el plano simbólico como efectivo acentúa la enorme trascendencia del proceso de modernización llevado a cabo en China y su consideración de la dimensión social, que pasa a primer plano. La erradicación de la pobreza, en cualquier caso, se inscribe en un compromiso que debe tener a las personas en el epicentro del desarrollo, lo cual exige la superación paulatina del incremento de  las desigualdades, un efecto adverso de las políticas aplicadas en las últimas décadas.

Por el valor de sus decisiones, las lianghui de este año quedarán inscritas en la historia contemporánea de China. Igualmente por el creciente valor concedido a la normativización de las decisiones políticas y la significación conjunta de la Constitución y del imperio de la ley en el proceder institucional, un valor seguro para reducir riesgos sistémicos y preservar la estabilidad.

Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China.

 

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