Otro tiempo en la reforma china

2017-10-19 19:19:46
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Xulio Ríos

 

El discurso del secretario general Xi Jinping en la sesión de apertura del XIX Congreso del PCCh vino a solemnizar el inicio de un nuevo tiempo en el proceso histórico iniciado en China en 1949. En efecto, la etapa bajo la dirección del Presidente Mao discurrió en  complejas circunstancias y a pesar de los zigzags mantuvo su coherencia general; el periodo iniciado tras su muerte y ya bajo el influjo de Deng Xiaoping estuvo marcado por la reforma y la apertura y los sucesivos secretarios generales del PCCh han dado continuidad igualmente a su modelo hasta que hubo conciencia de su agotamiento. Es por eso que ahora, en este XIX Congreso, se establece un tercer periodo caracterizado por un nuevo diagnóstico de la situación, tomando nota de los cambios estructurales acaecidos desde 1979 y, además de profundizarse en la reforma y también en la apertura, lo novedoso es que China consolida el cambio de carril en su modelo económico enfatizando la innovación pero planteando asimismo una reforma mucho más integral que aborda respuestas teóricas y políticas para encarar los principales desafíos que atenazan la estabilidad y traban la culminación del proceso de modernización.

 

Esto incluye una importante revitalización ideológica y una apuesta teórica por la sinización del marxismo que marca un importante rumbo para el pensamiento comunista en todo el mundo enfatizando la reafirmación de un camino propio para dar respuesta a las nuevas demandas de la sociedad. Las iniciativas parciales promovidas en este último lustro adquieren así una perspectiva conceptual integral e integradora permitiendo abarcar la transcendencia de su formulación.
  
El discurso abundó igualmente en una mayor pormenorización de la formulación estratégica del objetivo largamente ansiado de la modernización y el desarrollo, una tarea nada fácil en un país de las dimensiones de China. Señalando las dos etapas por venir, el común denominador es que llegó la hora de que el poder económico acumulado a lo largo de las últimas décadas deje de ser asimétrico para impulsar una actualización en otros dominios, proyectándolo hacia la justicia social o el medio ambiente, el diseño de una política exterior más proactiva o el impulso de un modelo alternativo de globalización, entre otros.

 

China no podía seguir haciendo de la reforma y apertura un proyecto esencialmente económico, orientado a la maximización de las fuerzas productivas, y la experiencia y las capacidades acumuladas permiten transferir ese poder adquirido a otros ámbitos de interés nacional y global, en correspondencia con las demandas expresadas por la sociedad china y las aspiraciones internacionales. Ese avance a la par de todas esas dimensiones (económica, social, política, científica, tecnológica, cultural, ideológica, etc) aportará una gran cohesión al conjunto del proyecto.

 

En esa perspectiva, la atención al medio ambiente es fundamental. Esa “China bella” a que aludió el presidente Xi expresa la plena conciencia de la envergadura del reto ecológico y esa comprensión puede allanar el camino para una mayor empatía con la comunidad mundial, especialmente cuando “deserciones” significativas parecen imponerse en la agenda.

 

En lo político, el compromiso con el imperio de la ley, la imparcialidad de la justicia, la mejora general de la gobernanza, la equidad, la democracia, los derechos individuales y sociales, interpreta demandas a las que conviene anticiparse con medidas eficientes para seguir a la vanguardia de un proceso de modernización que atraviesa una etapa crucial.

Aunque pasaron ya algunos años desde el fin del mundo bipolar, seguimos inmersos en una larga transición en la que los tics de la guerra fría predominan en importantes ámbitos de la realidad internacional. Sin duda, se requiere un nuevo pensamiento que asuma la dimensión global e interdependiente de la especie humana y asegure un destino pacífico y compartido para todos que tenga en cuenta no solo la preservación de la paz y la seguridad sino también la mejora de las condiciones de vida en todos los sentidos de muchas personas que hoy sobreviven a duras penas en la periferia de la riqueza. Como bien sabe China por su propia experiencia, la pobreza y el subdesarrollo es fuente de conflictos e inestabilidad. Por eso, esa comunidad de destino que definió en su discurso el presidente Xi como estrategia esencial para los nuevos tiempos que se avecinan, debe incorporar la plena conciencia del progreso en todos los órdenes como condición sine qua non de ese ambicioso destino que debemos compartir. El protagonismo creciente de China a nivel internacional, respaldado por acciones y no solo retórica, va a facilitar que en los próximos años se produzcan avances cualitativos y destacables en este sentido. Y el mundo, sabrá  apreciarlo.

 

Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China.

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