Investigadores latinos saludan avance científico en China y esperan mayor cooperación

Xinhua 2019-02-20 20:32:27
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De lunes a viernes, y a veces los fines de semana, Marco Antonio Cabero Zabalaga se levanta temprano y se dirige al laboratorio. Bata blanca en mano y un café se apura para empezar sus experimentos, como describe él, "dura y seriamente".
  En el laboratorio no hay horario estable de salida, expectativas inmediatistas sobre los resultados de la investigación ni un horario fijo de almuerzo, pero sí se debe cumplir una agenda, "seguir ciertos rituales", a saber, llegar a las ocho y media de la mañana, buscar los componentes para poner a funcionar un experimento, revisarlo pasada la tarde, discutir resultados con otros científicos.
  Cabero es un investigador boliviano especializado en espintrónica y nanotecnología que, como tantos otros científicos latinoamericanos, colabora con China en su esfuerzo por consolidarse en la élite científica mundial.
  "Aquí en la Universidad de Beihang tuve la oportunidad de estrecharle la mano a algunos destacados Nobel como Albert Fert (Física, 2007) y Alan Heeger (Química, 2000), quienes han supervisado mi proyecto doctoral de celdas solares orgánicas. Esta oportunidad hubiese sido casi imposible en Bolivia", afirma el científico de origen cochabambino.
  Tanto él, dedicado a las celdas solares orgánicas, como el argentino Santiago Suárez, un doctor en ciencias de los alimentos dedicado a investigar el poder nutricional de las batatas en la Academia China de Ciencias Agrícolas (CAAS), consideran que el país asiático se está consolidando dentro de la élite científica mundial como uno de los centros más influyentes del mundo.
  "Cuando me comentaron la posibilidad de venir a China los ojitos me brillaron, representaba un desafío enorme para mí y me llamaba la atención. No porque no supiese nada de China, ya que sabía a su posición en el tablero geopolítico internacional, pero me era desconocido el ámbito científico chino", confiesa el investigador argentino.
  Por su parte, Cabero rechazó ofertas de trabajo en EEUU y Japón ya que creía en el rápido progreso de la ciencia en China, notable en la cantidad de parques científicos, el fomento del espíritu de investigación en los niños a través de museos, la publicación de informes en revistas internacionales prestigiosas, las competencias tecnológicas y la millonaria inversión en equipos.
  El científico boliviano, llegó a Beijing en 2012 de la mano de un proyecto satelital sino-boliviano, pero hoy trabaja con celdas solares orgánicas que, explica, son más eficientes, livianas, flexibles y ecológicas que las mismas basadas en silicio. "Cada vez habrá más materiales orgánicos en los celulares, las computadoras, las bombillas de luz", añade el doctor en espintrónica aplicada.
  Suárez, por su parte, explica que su país tiene una vasta historia vinculada a la investigación en alimentos, por ser un productor de materias primas agrarias, y China, al ser medianamente nuevo en este campo, se interesa en la experiencia de los científicos argentinos.
  "Los institutos de las ciencias de los alimentos en China son más nuevos. Allí yo ya investigaba en un laboratorio de proteínas vegetales, teníamos proyectos en común con China y vine tras el acercamiento que hubo entre ambos países por un convenio bilateral de los dos Ministerios de Agricultura", detalla.
  Ambos científicos subrayan, a su vez, la posibilidad de financiamiento de los laboratorios chinos. En el caso de Cabero, cuenta que "en Beihang tuve la oportunidad de manejar equipos millonarios, he visto electrones moverse, cosas que solo he visto en ciencia ficción".
  Cabero, que es también presidente de Andean Road, una fundación de ciencia y tecnología que permite conectar expertos latinoamericanos con China, destaca además los modernos equipos, las óptimas condiciones de los materiales y el compañerismo que hay en su laboratorio.
  "Perseverancia, optimismo, comunicación y arduo trabajo son cualidades importantes para obtener buenos resultados científicos, donde diferentes culturas se proponen cumplir un objetivo común. No importa si eres de Suiza, de China o de América. Si hay un proyecto, se debe llevar a cabo. No hay barreras ni banderas en el plano científico", sostiene el también profesor boliviano.
  Cabero, a su vez, compara el laboratorio con un templo. Comenta que un día normal comienza bien temprano y que sigue una agenda junto con ciertas ceremonias. "El laboratorio no es un mercado ni un estadio de fútbol. Cuando entras, tiene que haber silencio porque se necesita de concentración y paciencia, se deben sostener reuniones o dejar funcionando un experimento", se explaya.
  Los dos sudamericanos creen que la comunidad científica debe fomentar la cooperación, ya que todos los logros a gran escala en los tiempos modernos han involucrado colaboraciones entre distintos países y culturas en pos de construir un mundo mejor para toda la humanidad.
  Coinciden también en que el progreso de un país no puede solo medirse en términos económicos, sino también científicos y culturales, y si uno de ellos no está en balance, el país no avanza. Por eso, concluye el especialista boliviano, "si podemos descubrir algo importante juntos, para China, para mi país y para la humanidad, ¿por qué no hacerlo?".

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