Vida después de "el fin del mundo": Wenchuan, a 10 años

Xinhua 2018-05-13 17:22:15
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En Beichuan, provincia de Sichuan, el tiempo se detuvo. Este poblado fue alguna vez hogar de 160.000 personas, ahora las únicas señales de vida son las oleadas de mariposas blancas entre las ruinas de las casas colapsadas, los restos de edificios y los autos destrozados.
A las 14:28 de la tarde del 12 de mayo de 2008, Sichuan fue sacudido por un terremoto de 8,0 grados en la escala de Richter, tan repentino y poderoso que muchos residentes no tuvieron tiempo de correr o esconderse. Decenas de miles de personas murieron.
En Sichuan, compartir las historias se llama en el dialecto local como "Bai Long Men Zhen" o simplemente: dragones hablando. A 10 años del terremoto de Wenchuan, viajé por la zona de falla montañosa Puerta del Dragón para ver cómo la provincia se ha levantado de nuevo, y para escuchar al dragón hablar.
POR LAS LLANURAS
Chengdu está a 70 kilómetros del epicentro. La ciudad yace en las llanuras de Sichuan en el corazón del antiguo imperio chino, pero las llanuras sufrieron sequía e inundaciones. El agua de las montañas cercó la ciudad.
Fue un gobernador de las Dinastía Qin quien inició el gigantesco proyecto de irrigación de Dujiangyan, que iba a cambiar el curso del río. Antes de la invención de la dinamita, la ladera de la montaña era calentada con incendios y el agua glacial de ríos era usada para romper y debilitar la roca. La obra tomó seis años.
A sólo 25 km del epicentro, Dujiangyan sufrió de todo menos la destrucción pero, a pesar de las primeras preocupaciones por grietas, las obras de irrigación se mantienen intactas.
EL DIA QUE EL CIELO CAYO
A un recorrido de 88 km hacia el noreste de esa antigua maravilla de ingeniería se encuentra Luobozhai, a 2.000 metros por encima del nivel del mar. Esta pequeña comunidad es conocida localmente como "aldea en las nubes".
Los temblores no eran desconocidos en Luobozhai. En la década de 1970, los funcionarios locales alertaban a los aldeanos a hallar refugio gritando mediante megáfonos, pero nada de lo que habían experimentado podía prepararlos para el terror que vendría.
Toda una aldea fue destruida. Ninguna familia se salvo. Las vidas se extinguieron bajo los escombros y el adobe. Los seres queridos desaparecieron y jamás fueron vistos de nuevo.
"Se sintió como el fin del mundo. Jamás pensé que viviría para ver este día", declaró Wang Baojian, quien operaba una pequeña estancia familiar. 
El había salido cuando ocurrió el terremoto, lo que significaba que estaba a salvo. Su hermana no. Ella entró corriendo a la casa para salvar a su bebé, momentos antes de que colapsara. Sus cuerpos fueron los últimos en ser recuperados entre los restos de la aldea.
"Durante la búsqueda y rescate yo sabía donde estaban --sólo que no podíamos sacarlos".
Luobozhai, con un aire de montaña limpio y panoramas increíbles, siempre ha sido un destino turístico popular. Después del terremoto, uno de los antiguos huéspedes de Wang escribió para preguntar si había sobrevivido y cuándo podía ir a visitarlo. Pasaron seis meses antes que el señor Wang pudiera contactar a su huésped preocupado. Durante una llamada telefónica emotiva, él le dijo: "No quedo nada que visitar". La respuesta fue bondad simple: "Las cosas siempre pueden ser adquiridas de nuevo. ¿Qué necesita?"
El huésped, junto con otros que habían disfrutado de la hospitalidad de Wang, le enviaron 260.000 yuanes (alrededor de 41.000 dólares), que además de 90.000 yuanes del gobierno, significaron que Wang pudiera reconstruir su estancia familiar y su vida. Mientras que la aldea original fue abandonada, los restos de los edificios se mantuvieron como un testimonio silencioso de todos aquellos que murieron.
LECCIONES APRENDIDAS
Después del sismo, un enorme paquete financiero ayudó a la reconstrucción. Las leyes fueron cambiadas, se elevaron los estándares de los edificios. Esta tragedia, se prometió, jamás se repetiría de nuevo.
Sichuan encaró una tarea enorme --reconstruirse de nuevo-- y las provincias, municipalidades y regiones autónomas de toda China ayudaron con la reconstrucción donde pudieron. La Escuela Primaria Número 1 de Wenchuan, por ejemplo, fue reconstruida con la ayuda de Guangdong. El campus es brillante y espacioso. Los muros están decorados con papel cortado, bordados y obras artísticas de los estudiantes. Mientras que los pasillos de los pisos superiores del edificio están llenos de sonrisas y conversaciones de niños emocionados, la planta baja es inquietantemente silenciosa. 
En el caos del terremoto, la gente, mucha gente fue aplastada a morir cuando los edificios cayeron. Es por eso que en esta escuela no hay salones de clase en la planta baja y por lo que los estudiantes deben realizar un simulacro al menos una vez al año. Ellos deben permanecer en clase durante dos o tres minutos después que la alarma suene en espera de que se determine la severidad del incidente. Esos son minutos muy largos.
Yingxiu está a menos de tres kilómetros del epicentro. En lo que alguna vez fue un poblado próspero el piso parece estar tragándose las paredes inclinadas y los techos caídos de una escuela. Se trata de un monumento conmovedor de aquellos que murieron. Para los sobrevivientes, en los días que siguieron al terremoto sus problemas estaban lejos de terminar. La infraestructura estaba hecha jirones y no contaban con servicios básicos como agua y electricidad.
Liu Yong, de la red eléctrica estatal de Yingxiu fue una de las primeras personas en el lugar. Mientras su esposa era trasladada por aire a un hospital, Liu se quedó a ayudar. Tomó tres meses reconectar por completo a Yingxiu. El área sobrevivió con un suministro intermitente de parte de los generadores. La experiencia demostró ser una lección muy importante, y una que rendiría frutos en el futuro. Después del terremoto de 2017 en Jiuzhaigou, Sichuan, la red estatal pudo reconectar el área antes de 48 horas.
En la actualidad, los afectados han regresado a cierta normalidad, a menudo una parte olvidada del proceso de recuperación. Cuando las vidas destruidas son reconstruidas --más fuertes y más vitales que nunca antes-- sólo entonces puede el dragón comenzar a contar sus relatos.

(Jésica)

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