Mencio
CRI


El gran pensador chino Mencio (c. 372-c. 289 a. C.), uno los principales representantes de la escuela confuciana, vivió en pleno Período de los Estados Combatientes (siglos V-III a. de C.).

Conocido también como Mengke, nació en el Estado de Zou (actual Zoucheng, ciudad de la provincia de Shandong). Según se dice, descendía de una familia noble del Estado de Lu. Testigo de la “competencia entre cien escuelas”, Mencio heredó y desarrolló el pensamiento de Confucio, fundador de la escuela confuciana, y creó un sistema filosófico completo que ejerció una notable y duradera influencia en las subsiguientes generaciones. De ahí que, tras Confucio, el Gran Sabio, Mencio fuera considerado el “segundo sabio”.

Mencio recogió las idea morales de Confucio y las transformó en una teoría de la benevolencia que se convirtió en el núcleo de su ideario político.

Por una parte, distinguía rigurosamente dos clases —los gobernantes y los gobernados—, consideraba que “los gobernantes trabajan con la mente, mientras que los gobernados trabajan con las manos” y estableció una jerarquía basada en el sistema de la dinastía Zhou, que abarcaba desde el emperador hasta el pueblo llano. Por otra parte, tras equiparar las relaciones entre gobernantes y gobernados a las existentes entre padres e hijos, abogó por que los gobernantes se preocuparan de los sufrimientos de los súbditos como si fueran sus padres y que los súbditos sirvieran a los gobernantes como a sus propios padres.

Basándose en sus experiencias del Período de los Estados Combatientes, Mencio sintetizó la ley del auge y decadencia de los reinos en esta célebre máxima democrática: “Lo más importante es el pueblo; el estado lo es menos; y el soberano, menos aún”. Para él, la prosperidad o decadencia de un Estado dependía de como se trata al pueblo. Este gran pensador chino concedía suma importancia al apoyo y el rechazo de los súbditos, y, tomando como referencia la historia, enfatizó en repetidas ocasiones que en esta dicotomía se encontraba la causa del éxito o el fracaso de un país.

Entrelazando estrechamente la ética y la política, Mencio subrayó que la esencia de la práctica de la política está en el cultivo de la moral: “El mundo se fundamenta en los Estados; los Estados, en las familias; y las familias, en las personas”.

Mencio compendió su doctrina moral en la práctica de cuatro virtudes cardinales —la benevolencia, la justicia, el decoro y la sabiduría— y sostuvo que las dos primeras eran las más importantes, argumentando que las relaciones entre los miembros de una sociedad basadas en ellas garantizaban la estabilidad del orden feudal y la unidad del país.

Para explicar el origen de estas virtudes, formuló el principio de que el ser humano es bueno por naturaleza y consideraba que, a pesar de las diferencias en la jerarquía social y la división del trabajo, todos los miembros que formaban la sociedad compartían una misma naturaleza.

Las doctrinas de Mencio no fueron aceptadas por los gobernantes contemporáneos, pero su pensamiento influyó poderosamente en la política, la mentalidad, la cultura, la moral y las costumbres de las generaciones posteriores.

Con el propósito de difundir su teoría sobre la política benévola, Mencio viajó en su calidad de hombre instruido por varios reinos, entre ellos los de Liang, Qi, Song, Teng y Lu, reinos que a la sazón trataban de unificar el país por medios violentos. Tachada de “pedante”, la doctrina política benévola de Mencio jamás se llevó a la práctica. A pesar de ello, Mencio dio claras muestras de su peculiar personalidad, ya que menospreciaba a los poderosos y los ricos, y confiaba en poder eliminar los disturbios y rescatar al pueblo de la miseria. En sus encuentros con los soberanos, siempre hizo gala de su honradez y de su indiferencia ante las lisonjas.

Posteriormente ejerció la docencia privada. Sus dichos y las polémicas que mantuvo con los representantes de otras escuelas filosóficas se recogieron en El libro de Mencio, a lo largo de cuyos siete capítulos se pone de manifiesto su talla de excepcional pensador y la importancia de sus aportaciones al desarrollo del confucianismo. Transcurridos más de dos mil años, El libro de Mencio conserva su interés y sigue gozando de gran prestigio, todo cual lo convierten en un clásico.