Wei y Jin, y las dinastías del Sur y del Norte
CRI

A finales del siglo II, la dinastía Han del Este entró en decadencia y China se sumió en una larga etapa de fragmentación. Al principio, los reinos de Wei (220-265), Shu (221-263) y Wu (229-280) compitieron entre sí en una confrontación tripartita a la que puso fin la dinastía Jin del Oeste, cuya reunificación no fue muy duradera (265-316). La familia imperial se trasladó al sur del río Yantsé y fundó la dinastía Jin del Este (317-420). Mientras tanto, las etnias que poblaban el norte del país se enzarzaban en continuas guerras, estableciendo numerosos reinos —conocidos genéricamente como «los Dieciséis Reinos»— que se sucedían rápidamente unos a otros.

El periodo de las dinastías del Sur y del Norte abarca desde el año 420 hasta el 589. La primera dinastía septentrional fue la Wei del Norte (386-533), que terminó por dividirse en Wei del Este (534-549), sustituida posteriormente por la Qi del Norte (550-577), y Wei del Oeste (535-557), reemplazada por la Zhou del Norte (557-88), dinastía que acabó imponiéndose también a la Qi del Norte. En el sur la situación no era tan compleja, puesto que entre los años 420 y 589 se sucedieron cuatro dinastías: la Song, la Qi, la Liang y la Chen.

Fue esta una época en la que la economía del sur del país se desarrolló rápidamente. Las emigraciones de las etnias norteñas hacia las regiones meridionales contribuyeron a la integración y a los trasvases culturales; la turbulencia característica del momento brindaba un espacio a la libertad de pensamiento y la metafísica alcanzó gran popularidad entre los intelectuales. Las constantes polémicas entre los seguidores del Taoísmo y el Budismo —doctrina filosófica y religiosa esta última que en muchos casos gozó de la protección imperial— dieron un fuerte impulso a su evolución. Entre las obras maestras literarias y artísticas de estos siglos merecen destacarse las poesías de Tao Yuanming y los Siete Maestros de Jian´an, así como las caligrafías de Wang Xizhi, las pinturas de Gu Kaizhi y las esculturas de las Grutas de Dunhuang. Zu Chongzhi (429-501) fue el primer matemático del mundo que logró determinar con precisión el valor de la constante π, que fijó entre 3,1415926 y 3,1415927. Del año 533 al 544, el agrónomo Jia Sixie redactó su Técnicas esenciales para el pueblo común, uno de los tratados de agricultura más tempranos e importantes de la historia.

Las guerras que azotaban las regiones septentrionales y centrales de China obligaron a parte de la población a emigrar al sur, hecho que propició la introducción de avanzadas técnicas en esa parte del país, así como un notable aumento de la mano de obra, todo lo cual dio un fuerte impulso al desarrollo de los dominios de las dinastías del Sur, cuyo centro económico se encontraba en Yangzhou, ciudad de la actual provincia de Jiangsu.

Los frecuentes intercambios que ya en esta época China mantenía con el resto del mundo se extendían a Japón, Corea, el centro y el sudeste de Asia, e incluso Daqin, el Imperio Romano.

Cabe destacar que si bien es verdad que la división en dinastías del Norte y del Sur obstaculizaba el progreso económico, no es menos cierto que la hegemonía de los pueblos nómadas en la cuenca del río Amarillo promovió una integración nacional sin precedentes, así como la exogamia entre las etnias septentrionales y la etnia han de la que surgiría la nación china. De ahí que los historiadores coincidan en que, por paradójico que pueda parecer, la fragmentación de aquel período desempeño un papel decisivo en la reunificación de nuestro país.