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El Templo del Cielo: un encuentro con el Paraíso

Por Mauricio Percara, 21-03-2015

Nos dirigimos hacia el sur de Beijing, al Templo del Cielo, Temple of Heaven en inglés o 天坛 en chino.

2015-03-21 20:04:31 CRI
Tanto en las oficinas de CRI como en la residencia para extranjeros que ofrece la radio, la oportunidad de conocer nuevas personas de los más remotos páramos del mundo está presente en todo momento.

Al observar un mapa, vemos que Brasil es vecino de Argentina, si chequeamos la residencia que me aloja junto a otros extranjeros, vemos que uno de mis vecinos es brasilero. Braulio Calvoso, uno de los expertos del Departamento de Portugués y uno de mis mejores amigos sudamericanos en tierras asiáticas, es un ejemplo cercano de ese enlace de idiomas y culturas.

Fue una noche, durante la cena, en que decidimos ir de visita al Templo del Cielo, para que Marcia y Fabiana —dos damas de las tierras de Paulo Coelho—, pudieran conocer ese fabuloso lugar de la capital china.

Al día siguiente, por la mañana y vía metro, nos dirigimos hacia el sur de Beijing, al Templo del Cielo, Temple of Heaven en inglés o 天坛 en chino. En este sitio los emperadores de las dinastías Ming y Qing brindaban sacrificios al Cielo e imploraban por ricas cosechas en tiempos de primavera. Fue erigido en el 1420, ocupando una superficie total de 273 hectáreas. Desde 1998 está considerado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. La parte sur del templo es de forma cuadrada y la parte norte, por su parte, es semicircular. Esto expresa una idea de la tradición china, la tierra es cuadrada y el cielo es redondo. Las tejas del templo son cobalto azul, simbolizando el cielo. La Sala fue víctima de un relámpago y se incendió en 1889, luego fue reconstruida con madera traída desde Oregon, Estados Unidos.

—Este es el mejor sitio de Beijing —dije al verme cara a cara con la impresionante edificación—.

Comencé a caminar lentamente, como alguien que se siente atraído y curioso pero que no puede ejercer presiones o prisas al reconocimiento de la magnificencia.

"De mar a mar, de tierra a nieve, todos los hombres te contemplan, China"

Se sinceraba Pablo Neruda en uno de sus poemas dedicados a china, "Para ti, las espigas". En está ocasión verdaderamente comprendí sus palabras y me convencí de que el gigante asiático no dejará jamás de sorprenderme. Es que el Templo del Cielo es un sitio divino, al posarse sobre la explanada y contemplar la escena de verdad se percibe la sensación de un paraíso.

La simbología es muy descriptiva. Los cuatro pilares principales del templo representan las estaciones, los doce pilares del interior simbolizan los meses del año, y los doce pilares exteriores aluden a las 12 vigilias del día. Un dragón dorado, dentro de la Sala, hace honores al emperador.

La visión que tenemos de Beijing, desde lo alto de las escalinatas, es la misma que en tiempos imperiales poseía el Emperador, incorporando esas marcas obvias e inevitables de la civilización que no cesa de crecer. Esa China de Neruda que invita a observarla y admirarla:

"El hombre en las Américas, inclinado en su surco,

el pobre de los trópicos, el valiente

minero de Bolivia, el ancho obrero

del profundo Brasil, el pastor

de la Patagonia infinita,

te miran, China Popular, te saludan

y conmigo te envían este beso en tu frente."

Así finaliza "Para ti, las espigas", poema del Premio Nobel de Literatura 1971 y con esas maneras, con un saludo y beso en la frente, me despedí de uno de los fabulosos sitios de la ciudad en que habito.

Como el pastor de la Patagonia, seguiré en la búsqueda de las ovejas perdidas, las más preciadas y mimadas, esas que siempre aparecen en la titánica China.

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