Esta misma semana, la organización Human Rights Watch, con sede en Nueva York, dio a conocer su Informe Mundial anual, en el que critica al gobierno chino por "trasladar y realojar a hasta el 80 por ciento de la población de la región del Tíbet, incluidos todos los pastores y nómadas".
El artículo del rotativo chino, firmado conjuntamente por dos expertos en tibetología, defiende que la conclusión de Human Rights Watch es infundada y se contradice con los hechos básicos.
Los dos autores, Zhang Ming, cuyo nombre tibetano es Lorong Dramadul, del Centro de Investigación de Tibetología de China, y el profesor Yang Minghong de la Universidad de Sichuan, de la provincia suroccidental china del mismo nombre, expresaron la esperanza de que sus experiencias y observaciones recogidas durante más de 20 años de investigaciones de campo en el Tíbet puedan ayudar a clarificar los malentendidos.
En su artículo citan estadísticas oficiales según las cuales el año pasado 1,85 millones de tibetanos, cifra que equivale al 61 por ciento de la población total, se habían instalado en residencias permanentes. La mayoría de ellos no abandonó su comunidad originaria sino que construyó su nueva vivienda en el mismo lugar que su antiguo hogar.
"Sólo menos del 5 por ciento de la población tibetana, que no llega a 150.000 personas, dejó atrás su lugar de residencia original", afirman los dos especialistas en el texto.
El programa de vivienda fue promulgado en 2006 para ofrecer a los tibetanos mejores condiciones de alojamiento y vida a través de enormes subsidios y apoyo del gobierno, explican en el artículo.
Asimismo, los dos autores responden a las acusaciones contra el papel de la política en los cambios del patrón de vida de los nómadas locales puntualizando que éstos solían vivir en tiendas de campaña en invierno y que en verano viajaban largas distancias, con lo que sólo tenían difícil acceso a servicios de salud y educación.
Hasta finales de 2010 se habían construido viviendas cómodas para 30.000 familias de nómadas en el Tíbet, subraya el texto, la mayoría de las cuales fueron levantadas en el cinturón que une los pastos de invierno necesarios para la subsistencia de estas personas.
De esta forma, los nómadas pueden mantener sus tradiciones al tiempo que los niños y los ancianos disfrutan de un estilo de vida más adecuado, con menos viajes, según los expertos.
Además, añaden los autores en el artículo, el programa también ha mejorado la infraestructura, los servicios públicos y las oportunidades de empleo para las comunidades tradicionales en el Tíbet.
(Jimena)
























