Una pequeña muestra, ubicada en calles de la Ciudad de México, en la colonia de los Doctores, en el local de una dulcería, alberga la colección de juguetes antiguos, posiblemente la más grande e importante del mundo.
Su propietario, el mexicano Roberto Zhimizu, hijo de padres japoneses, de manera paciente y muy persistente, ha hecho esta colección, que desde hace dos años exhibe en calles de Doctor Olvera.
El coleccionista le dijo a Xinhua que "el juguete es historia. Representa un momento en la historia de México, social y cultural. Es también un testimonio del tiempo".
Apilados en vitrinas y anaqueles, se convierten en el "hábitat" de grupos de juguetes del mismo género y una parte de ellas fueron diseñadas con materiales de desecho que se reutilizan y reciclan.
En cuando a la fabricación de cierto tipo de juguetes, fueron trabajados en madera, hoja de lata, metal, plástico, barro, palma, pasta, en fin, toda tipo de material que uno pueda imaginar.
Zhimizu recuerda que a los 10 años (1955) su padre Yukio (quien el año pasado cumplió 100 años y recientemente falleció) importaba juguetes de Europa y China a México. "A mí me traía una colección de miniaturas de carros que yo prefería guardar. Y así cada año, por eso empecé, sin saberlo, a coleccionar juguetes".
En las plantas baja y alta se exhiben sólo el 5 por ciento. "Otro cinco por ciento está en mi casa y el 90 por ciento en la bodega. Buscamos apoyo de un patrocinador para poder exhibir más de un millón de juguetes", dijo
El coleccionista tiene un edificio de 5.000 metros cuadrados que podría albergar la colección completa. "Necesitamos un millón de dólares el primer año para arreglar el edificio, y medio millón los años siguientes porque pensamos hacerlo gratis para la difusión de la cultura".
Todos aquéllos que recorren la instalación rememoran su niñez: carritos, locomotoras, barcos, futbolitos, trompos, yoyós, baleros, patines del diablo, bicicletas, tiro al blanco, robots -"quizá la colección más grande del mundo", dice-, juguetes musicales, de cuerda, de batería y fricción, casas de muñeca, juegos de té, etc.
"No sólo son juguetes antiguos de México y del mundo, sino que abarcan muchos objetos y aspectos de la vida cotidiana de los mexicanos", dice Zhimizu.
El museo acoge un importante acervo de la lucha libre nacional, como programas, revistas, atuendos, el traje original de "El Santo", el luchador llamado "Enmascarado de Plata" más famoso y popular de México con documentos personales de su creador Jose G. Cruz y una colección de pinturas originales.
Más de cinco mil piezas de autos, destacando miniaturas de aquella famosa Carrera Panamericana (1949-1953), albums coleccionables de Juegos Olímpicos, Mundiales de Fútbol, historia de México, de aves, de paisajes de la cerillera "La Central",...
En la parte superior destaca el rostro de un negro, que dicen representaba al cantante cubano Acerina y dos manos con maracas. Al rostro se le mueven los ojos. Dice que estuvo en el salón de baile "El Colonia" en las décadas de 1920 y 1930.
Hay juguetes en sus cajas originales, juegos de mesa, las autopistas "scalextric", barco de rescate, tira y tirón, espirobol, "vertibird", tiro al blanco, pistolas de fulminante (papel con puntos de pólvora), joyería de fantasía, canicas de vidrio, motocicletas, muñecos y muñecas de diferentes materiales, etc.
En el Museo la gente verá al cómico mexicano "Cantinflas" con un capote y un toro que, al ser operado, mueve al animal y el capote, así como fotografías en las que se promocionaban películas de las décadas de 1950 y 1960. Otra parte presenta aquellos bulbos que utilizaban radios y televisores.
Y la búsqueda de juguetes antiguos no cesa. "Creo que soy muy obsesivo. No me pongo a pensar cuánto he gastado si adquiero 100 piezas. Es una afición", señaló.
El coleccionista comenta que él mismo sale a buscar juguetes en los mercadillos con los chachareros (vendedores de baratijas), mercados de antigüedades y mercados de "pulgas". "En otros sitios, tengo personas que buscan los juguetes raros y antiguos", dijo.
Zhimizu viaja seguido a China, Hong Kong, Japón o Alemania. "El juguete alemán de 1930 es famoso pero no tenía la calidad del juguete chino que se está fabricando ahora. En unos años, el juguete chino será muy apreciado", vaticinó.
Comentó que "es mentira que en México se diga que el balero, el trompo, las canicas, los carritos de lámina o madera sean "exclusivos". No es cierto. Los hay y hubo en todo el mundo. El papalote, que dicen es cien por ciento del país, no es mexicano, es chino", aseguró.
Zhimizu está convencido de que el juguete es universal. Y sin buscar herir susceptibilidades, manifiesta que "el Museo del Juguete es más importante que Diego Rivera. El pintor es para la élite, el juguete es para toda la gente y de todos los estratos sociales".
























