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Irina Tolstopyatova: una joven rusa decidida a popularizar el wushu

2008-11-11 14:43:19  spanish

El III Festival Internacional de Artes Marciales Tradicionales, celebrado recientemente en Shiyan, congregó a unos dos mil practicantes de artes marciales de sesenta países. A pesar de pertenecer a distintas razas y hablar lenguas diferentes, todos ellos acudieron a esta pequeña ciudad china en pos de un mismo sueño. Su amor y dedicación a las artes marciales, especialmente a las chinas, es decir al wushu, eran evidentes. El wushu es al mismo tiempo un deporte, una expresión de la cultura y la filosofía chinas, y una manera de cultivar la moralidad que puede cambiar la vida de quienes lo practican. En el programa que empieza ahora vamos a conocer a Irina Tolstopyatova, una joven rusa que vive dedicada a la promoción de las artes marciales tradicionales chinas.

Irina tiene 20 años y lleva cinco practicando el wushu. Su sueño es establecer una red mundial de escuelas para popularizar la práctica de las artes marciales chinas. Este sueño fue el que dos años atrás la impulsó a venir sola a Beijing.

Irina tiene muy buenas cualidades para el deporte. De niña hizo danza y gimnasia artística, actividades que terminó abandonando por falta de interés. Al parecer, su destino está en el wushu.

La joven rusa ha dedicó mucho tiempo y mucha energía a la práctica del wushu. En su país de origen, todos los días, después de salir de la escuela, iba a un centro de artes marciales donde se pasaba cuatro o cinco horas practicando. Las sesiones de entrenamiento era muy intensas, pero Irina, llevada de su entusiasmo, se olvidaba del cansancio. Así nos lo decía ella misma en chino:

"Si realmente amas lo que haces, nada es demasiado duro".

La parte más ardua no es practicar los movimientos complejos y difíciles, sino las habilidades básicas, como mantenerse en la llamada postura del caballo, que consiste en flexionar y arquear las piernas como si se montara a caballo. Al principio, no había forma de que Irina hiciera esta postura correctamente, algo por lo que su maestro la reprochaba una y otra vez. Ahora la joven lo recuerda con humor:

"Esta postura requiere estabilidad y elegancia. Tienes que permanecer cinco minutos inmóvil. Al principio me resultaba imposible adoptar la postura apropiada y mi maestro me decía: '¡Uy, qué postura más fea! ¿No puedes hacerla con más gracia?'".

Irina tardó tres años en lograr mantener una postura del caballo segura y bella. A lo largo de este periodo comprendió que en los progresos de todo practicante del wushu el tiempo cumple una función tan sutil como importante y que en el mundo de las artes marciales no es conveniente buscar el éxito inmediato ni los beneficios a corto plazo.

Algunos compañeros de Irina más avanzados aprovechaban su tiempo libre para dar clases en sustitución de los maestros titulares. Sin embargo, ni Irina ni ninguno de sus compañeros enseñó nunca taichi a los principiantes. Pero dejemos que sea ella quien los diga la razón:

"La práctica del taichi requiere tener experiencia de la vida y comprender ciertos principios filosóficos. Hay que saber muy bien a qué se aspira. Si enseñas taichi a los chicos, lo más probable es que no entiendan su profundo significado y, por lo tanto, no lleguen a aprenderlo nunca".

Durante sus primeros meses en China, Irina no podía comunicarse con nadie y dedicaba ocho o nueve horas diarias a aprender chino, de modo que casi no le quedaba tiempo para el wushu. No obstante, nunca dejó de practicarlo y aprovechaba los treinta minutos de descanso que tenía después de cada dos horas de estudio para hacer ejercicio. De esta manera podía combinar perfectamente ambas actividades.

En Beijing, Irina lleva una vida muy ajetreada. Aparte de estudiar nuestra lengua y practicar el wushu, la joven rusa trabaja de entrenadora auxiliar en el club donde su maestro de clases marciales imparte clases. A Irina también le gusta mucho cocinar, no en vano fue chef del hostal que dirige su padre. Según se dice, sabe preparar todas las especialidades de la cocina rusa. Estudio, trabajo, wushu, cocina... ¿Es posible que las veinticuatro horas del día sean suficientes para Irina?

"Me encanta cocinar y aprender nuevas recetas. Por eso siempre encuentro tiempo para la cocina".

En su opinión, la cocina puede ayudarla en la práctica de las artes marciales:

"Antes de entrar en la cocina, navego por la Internet en busca de recetas; después de leerlas con atención, preparo platos deliciosos. En la práctica del wushu sucede algo parecido: si preparas mejor los detalles, avanzas más".

Irina sigue trabajando con el fin de hacer realidad su sueño de establecer una red mundial de centros para popularizar las artes marciales chinas.

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