Del veredicto en La Haya. Reflexiones sobre el Mar del Sur de China
2016-07-15 11:15:50 CRI

por Augusto Soto, director de "Dialogue with China Project "

Desde los inicios China se opuso a formar parte del proceso de arbitraje en La Haya y, sin embargo, por una ficción judicial se pretendió que Beijing formaba parte de él contra Manila. No fue así. De manera que puesto que China no ha sido parte del proceso, el veredicto es una opinión, una opinión altamente respetable pero, al fin y al cabo una opinión. Recuérdese que las opiniones en tanto tales no conforman veredictos válidos, no importa cuán cualificado sea el tribunal. Y en verdad el de La Haya no estuvo compuesto por jueces que actuaran de manera tradicional.

Paralelamente, a lo largo del proceso de arbitraje se pudo percibir una corriente internacional de opinión contra Beijing alimentada por actores que no son parte de la Convención del Mar de Naciones Unidas, como EE UU, cuya administración actual durante meses y años ha estado frecuentemente interviniendo en un desacuerdo bilateral con actitudes que sobrepasan el espíritu y los principios de Naciones Unidas.

Beijing no ha amenazado a Manila de ninguna manera, ni antes ni durante el proceso de arbitraje. En contraste, muchas acciones y declaraciones provenientes de Washington muestran desprecio hacia el pacífico proceso económico, cultural y político que cuenta en los lazos entre Beijing y Manila, así como entre Beijing y las demás capitales de los países ASEAN. En diciembre pasado el secretario de Defensa norteamericano, Ash Carter, pronunció un discurso a bordo de un portaaviones estadounidense en el Mar del Sur de China defendiendo el principio de « libre navegación » y el papel de Washington como "estabilizador" regional.

Estaría China lo suficientemente loca como para interrumpir una ruta marítima a través de la cual transitan anualmente más de $ 5 billones de dólares del comercio mundial? Además de dañar los intereses vitales de China, tal escenario conduciría a una escalada posterior que incluiría no sólo las Filipinas, pero también a Vietnam, Japón y los EE.UU. Es simplemente absurdo. Es extremadamente interesante recalcar que durante su rica tradición diplomática sin parangón a menudo China ha reconducido eficientemente contenciosos transformándolos en pacíficos escenarios pragmáticos. Es interesante subrayar que si miramos a nivel internacional veremos claramente que China es la única gran potencia que no se ha visto enredada en una invasión armada en décadas (e incluso siglos). Las razones son varias, siendo una de ellas el deseo de Beijing de poner en práctica una fórmula que proviene de un antiguo proverbio propio que dice que "la paz con los vecinos trae prosperidad a casa".

En una era en la que los malentendidos son de fácil surgimiento tanto a nivel nacional como internacional, el sentido común indica que no debiera haber un intento de internacionalizar la disputa, que encierra el potencial para más desentendimiento. Ayer como hoy las disputas en el Mar del Sur de China debieran resolverse a través de diálogo entre las partes directamente implicadas, incluyendo el nivel multilateral. ASEAN es uno de tales mecanismos. Por algo el antiguo y respetado intelectual singapurense, Kishore Mahbubani declaró hace justamente seis años que China había destacado al compartir su prosperidad en su vecindario estratégico.

Otro interesante elemento a considerar es la misma naturaleza de la cultura china, que posee más de un concepto para definir la palabra "negociación", por tanto las capacidades de resiliencia en un momento dado de desacuerdo representan un activo real de Beijing.

Sin embargo a la visión de la "amenaza china" promovida desde algunas capitales de Asia Pacífico, se agrega ahora una visión paternalista que argumenta que el desafío más grande es disuadir a Beijing de una agresión regional mientras que a la vez se la estimula a que colabore con el orden internacional. Como si últimamente Beijing no hubiera estado contribuyendo de manera crucial en negociaciones internacionales combinadas para solucionar la crisis iraní en 2015, así como cíclicamente ejerciendo la moderación en la "crisis" de Corea del Norte". Para no mencionar la contribución anunciada de Beijing oficiando de anfitrión en la ya prevista Cumbre del G20 de 2016 en Hangzhou.

Pero sobre todo, la desinformada y paternalista visión sobre China está minusvalorando la contribución de Beijing en la creación de grandes instituciones e iniciativas en los últimos meses, como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB); el banco BRICS (y las iniciativas relacionadas con los BRICS); además de la Iniciativa OBOR (Un Cinturón, Una Ruta en español, que incluye el fondo de la Nueva Ruta de la Seda). En su conjunto estas medidas en un período de tiempo sorprendentemente corto representan las iniciativas más importantes formuladas por alguna potencia desde el asentamiento del orden post- Segunda Guerra Mundial.

La evidencia muestra que Beijing está claramente dispuesto a jugar un papel asertivo principalmente con el fin de garantizar el suministro de materias primas para impulsar su crecimiento, que es un componente clave de la economía mundial en tiempos de incertidumbre.

En realidad, durante largas décadas China ha estado poniendo en práctica una forma de conducta bien descrita en 2003 por el estratega chino Zheng Bijian en el Foro de Boao, en Boao, a las puertas del Mar del Sur de China. Esta teoría es totalmente válida en 2016. Zheng dijo entonces que: «China no seguirá el camino de las grandes potencias que lucharon por la dominación global durante la Guerra Fría. En cambio, China trascenderá las diferencias ideológicas ».

En verdad ha llegado el momento de lanzar al basurero de la Historia ideologías paternalistas que no se ajustan a una gran integración regional y pacífica de importancia mundial como la que protagonizan China y sus vecinos de la ASEAN, en un tiempo global en parte posible gracias al comercio marítimo a través de una ruta marina como el Mar del Sur de China.

Espe

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