"Retorno a mi pueblo natal", de He Zhizhang
  2012-03-23 18:07:13  CRI

Retorno a mi pueblo natal

He Zhizhang

Dejé mi casa siendo niño

Hoy regreso cargado de años

Mi acento local no ha cambiado

Pero apenas me quedan unas cuantas canas

Los chicos me miran intrigados

y sonrientes me preguntan:

                                                                    "¿De dónde viene usted, forastero?"

En este poema, el poeta nos cuenta su propia experiencia. Nació en Yongxing, antigua ciudad que se encuentra ahora en la provincia de Zhejiang, He Zhizhang consiguió su fama como hombre de letras en una etapa temprana de su vida. A los 36 años, aprobó el examen imperial que se realizaba cada tres años para determinar quiénes pasarían a ser funcionarios del gobierno y ganó el titulo de "jinshi". Después, sirvió durante muchos años y en diferentes puestos a la corte imperial. En el año 743, dimitió su cargo ante el emperador y regresó a su tierra natal. Ya tenía 85 años.

Sabemos que la dinastía Tang es "la Edad de Oro" de la literatura china. Miles de poetas de esa época pasan a la posteridad innumerables poemas de incomparable belleza y trascendencia. Muchos críticos distinguen en el proceso del desarrollo de la poesía de esta época cuatro etapas: la inicial, del 618 al 713; la segunda, o sea la de la cumbre o del apogeo, del 713 al 766; la tercera, entre los años 766 y 835, y la cuarta, o la final, entre los años 835 y 907. He Zhizhang se encuentra entre los poetas importantes de la segunda etapa.

He Zhizhang se aludía a sí mismo como "el petulante huésped de Siming". De caracter liberal, le encantaba el beber. Según se dice, solía escribir poesía tras sus grandes borracheras, y siempre terminaba un poema lleno de inspiración en unos minutos. El gran poeta Du Fu lo consideraba como uno de los "8 inmortales del beber", y lo describió con estas palabras: "Zhizhang monta caballo como si estuviera viajando en una barca, y cae en el pozo con la vista en tinieblas, allí se duerme y no despierta." Estos versos nos pintan un vívido retrato del poeta. Otra anécdota refiere la amistad entre He y el legendario poeta Li Bai. Cuando los dos se encontraron por primera vez, He Zhizhang le llamó a Li Bai "Dios que ha descendido del cielo". Se comprende que esta hipérbole alude a la capacidad creativa de Li Bai y a los niveles divinos, no humanos de su inspiración poética. Muy atraídos por el caracter y el genio del otro, los dos se hiceron buenos amigos y la alusión que hizo He Zhizhang para referir a Li Bai ha pasado a la historia como un apelativo que siempre acompaña el propio nombre del poeta.

Los primeros cuatro versos del poema que les hemos leído nos dan una referencia relativamente lineal: un anciano que salió de su pueblo natal muchos años atrás ahora retorna a casa. Cuando se fue, todavía era un niño. El tiempo, al pasar, lo ha convertido en un hombre mayor. Aunque su acento sigue siendo el de siempre, su cabello no sólo ha encanecido sino que ha perdido su espesor: se ha caído. ¿Notan aquí el contraste entre el anciano que regresa cargado de años y el niño que fue antes de salir? Una cosa no ha cambiado desde entonces: su acento local. La habilidad del poeta consiste en haber trazado en una líneas muy breves toda la vida del anciano. Surge, entonces, una inquietante pregunta: "¿Qué le ha pasado todos estos años durante su ausencia del pueblo?" No tenemos respuesta, porque en este momento, con una pregunta innocente que hacen los niños del pueblo, el poeta vuelve a la situación presente del anciano. Estos niños, tal vez algunos de ellos son parientes suyos, le hacen una innocente pregunta que hace estremecer su corazón. "¿De dónde viene usted, forastero?" le preguntan, y toda la alegría del retorno a casa se transforma en una deuta pero honda y dolorosa melancolía. ¿Qué queda del pueblo y del hogar que dejó cuando se marchó? Nada, ni la casa en que vivió. En cuanto a los amiguitos de quienes se despidió al partir ya se han ido de este mundo, han muerto. Y él, ¿qué destino le espera en los pocos años que le quedan por vivir? El poeta vuelve a emplear, al final, el recurso del contraste al oponer las imágenes de los niños sonrientes y del anciano melancólico. En esta escena algo dramática, se cierra el poema, mientras que abre la imaginación de los lectores.

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