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Dampa Rabten, heredero de la tradición pictórica tibetana de los thangkas
2009-02-27 15:22:28   CRI

Bienvenidos a nuestro programa Minorías étnicas de China, hoy dedicada a los thangkas, imágenes pintadas enrollables y enmarcadas en seda que constituyen una de las principales manifestaciones artísticas de la cultura tibetana. Los pintores de thangkas realizan sus coloridas obras totalmente a mano, utilizando como soporte el papel, la seda y diversas telas. El resultado son pinturas que, transcurridos mil años, conservan aún todo su brillo. Debido a su amplitud temática, los thangkas son considerados como una historia viva del Tíbet. Transmitida de generación en generación, esta singular arte plástica ha sido heredada por varios maestros en esta la región autónoma china. Uno de ellos es Dampa Rabten, profesor de 67 años de la Universidad del Tíbet.

Dampa Rabten (izquierda) y sus discípulos

Entre los tibetanos, los pintores de thangkas suelen conocerse como larepas, es decir, personas que saben pintar imágenes de Buda y de Dios. El oficio de larepa se transmite de padres a hijos, de maestros a discípulos, y entre los monjes de las lamaserías. No obstante, Dampa Rabten heredó esta arte por otra vía. Su abuelo, llamado Tsering, fue un pintor muy allegado al XIII Dalai Lama; y su padre, Kelzang Norb, era diseñador artístico. Influido por el ambiente familiar, desde muy niño Dampa Rabten sintió una fuerte inclinación por la pintura. A los 11 años ya dominaba todas las técnicas de la pintura tradicional tibetana, así como el arte de elaborar los pigmentos. Buena prueba de sus dotes era su capacidad de pintar en la uña de su dedo meñique complejas figuras de árboles, montañas, lagos, ríos, personas, pájaros y otros animales.

Cuando Dampa Rabten tenía 15 años, su padre lo envió al monasterio de Sera, donde ingresó como discípulo del ilustre monje Champa Ngawang. Allí, el joven estudió sistemáticamente la lengua tibetana, la doctrina lamaísta y el arte de la pintura. Kelzang Norb esperaba que su hijo llegara a ser un monje prominente. Pero tres años después, Dampa Rabten abandonó el monasterio. Sin embargo, como él mismo explica, este período de estudio le sirvió para adquirir una sólida y profunda base técnica y artística:

Dampa Rabten (izquierda) estudia técnicas de la pintura

"Los conocimientos y la experiencia que adquirí en el monasterio tuvieron una importancia decisiva en el desarrollo de mi carrera artística. Los conocimientos teóricos no solo me permitieron conocer de forma sistemática la historia, las técnicas, las escuelas y otros aspectos de la pintura de los thangkas, sino que me han servido de rica fuente de inspiración".

Al referirse a las vías de transmisión de las técnicas y el contenido de su arte, Dampa Rabten, que siempre ha vivido rodeado de este tipo de pinturas, no puede evitar suspirar emocionado. En su opinión, a lo largo de la historia del Tíbet ha habido varios maestros de la pintura. No obstante, algunos de ellos, a pesar de dominar la teoría, no supieron pintar. De ahí que resulte tan difícil llegar a ser un verdadero maestro en el arte del los thangkas:

"Por ejemplo: en la transmisión de maestro a discípulo, solo se presta atención al aprendizaje práctico de las técnicas, pasándose por alto los conocimientos teóricos. Este procedimiento impide el desarrollo de la pintura. En tiempos del gobierno Gaxia, el que dirigía el Tíbet feudal, los pintores pertenecíamos a una asociación compuesta por unos doscientos miembros; los pintores de thangkas no llegábamos al centenar."

Pinceles para los thangkas

Desde 1959, año en que se inició la reforma democrática del Tíbet, el Gobierno chino viene mostrando un especial interés por proteger el patrimonio cultural de las minorías étnicas y fomentar su desarrollo. La Universidad del Tíbet se fundó oficialmente en 1985. Al crearse la Facultad de Bellas Artes Tibetanas, Dampa Rabten comprendió que tenía el deber ineludible de incorporarse a ella como profesor de pintura tradicional. Así fue como el arte de los thangkas, la pintura tradicional tibetana por excelencia, se convirtió en una disciplina universitaria.

Dampa Rabten provenía de una ilustre familia de pintores, pero carecía de experiencia en la enseñanza de la pintura tradicional tibetana como disciplina universitaria. Por lo tanto, el desempeño del puesto de profesor universitario entrañaba para él un gran reto. Sin embargo, valiéndose de su sólida base teórica y su prolongada experiencia práctica, empezó a buscar una metodología didáctica adecuada al sistema educativo moderno y a elaborar un exhaustivo plan de estudios. En 1996, Dampa Rabten redactó el libro La pintura tibetana, obra en la que agrupó las técnicas pictóricas autóctonas en cinco escuelas, rompiendo así los esquemas teóricos de la pintura tradicional tibetana.

Estudiantes practicando

"Creo que esta ruptura fue un primer paso necesario para proteger e impulsar un florecimiento sin precedentes de nuestra valiosa cultura. Ahora, mis alumnos, además de ser hábiles pintores, poseen profundos conocimientos sobre el desarrollo histórico del arte de los thangkas, sus diversas escuelas y sus respectivas características. Además, la Universidad del Tíbet imparte actualmente cursos de licenciatura y de maestría, y ya ha solicitado poder impartir cursos de doctorado. Todo ello nos permite ser muy optimistas con respecto al futuro del arte de los thangkas, lo que me hace sentir muy contento."

A medida que el Tíbet se abre más y más al exterior, y el deseo de acceder a su cultura espiritual se generaliza, los thangkas están convirtiéndose en uno de los productos artesanales tibetanos más solicitados, lo que a su vez anima a un creciente número de jóvenes a participar en la difusión de su cultura. En 1995, Penba, uno de los discípulos no universitarios más aventajados de Dampa Rabten, al ver el mercado potencial de este tipo de pintura, decidió abrir una galería dedicada a los thangkas, que sirve al mismo tiempo de academia. Gracias a su tesón, Penba cuenta ahora con un buen número de alumnos y su negocio marcha viento en popa. Pero dejemos que sea él mismo quien nos lo cuente:

Estudiantes practicando

"Abrí esta galería hace ya trece años y el negocio siempre ha ido muy bien. La mayor parte de los thangkas que vendemos los pintamos por encargo, como el que estoy haciendo ahora. Tardaré unos veinte días en terminarlo. Me lo encargó un turista del interior del país que me dará por él más de 3000 yuanes. De los cuatro alumnos que tengo ahora, uno ya se ha licenciado".

En el 2006, los thangkas fueron incluidos en la primera lista del Patrimonio Cultural Inmaterial Chino de Nivel Estatal y varios maestros, entre ellos Dampa Rabten, fueron nombrados herederos del arte de los thangkas de nivel nacional. Por otra parte, a fin de recuperar el uso de los pigmentos vegetales y minerales. Con el decidido apoyo de los departamentos pertinentes, la Universidad del Tíbet estableció un instituto dedicado a la investigación de sus técnicas de elaboración. Como nos explica Ngawang Jigme, profesor de la Universidad del Tíbet, el éxito llegó en 1998:

"Bajo la dirección del profesor Dampa Rabten, en mayo del 1998 logramos elaborar todos los pigmentos tradicionales. Según los expertos, nuestros pigmentos no solo son exactamente como los originales, sino que su calidad es mejor. Actualmente, el Gobierno central está invirtiendo en la reparación y protección de obras arquitectónicas y pictóricas tibetanas antiguas. Por otra parte, la exitosa recuperación de los pigmentos originales ha desempeñado un importante papel en la restauración de varios edificios antiguos, incluido el Palacio de Potala."

Una obra de Thangka 

Debido a su singularidad artística y técnica, pasados mil años los thangkas siguen conservando su brillo y su flamante aspecto. Gracias a los éxitos conseguidos en su protección y transmisión, el arte de los thangkas irradia una peculiar belleza cada vez más atractiva.

 
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