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"Mientras pueda mover mis piernas, jamás dejaré de ir a China"
2008-10-31 09:48:10   CRI

Es un anciano respetable, como sólo lo puede ser alguien que, a los 80 años de edad, persiste en imponerse duras pruebas. Es un anciano simpático, capaz de sacarle carcajadas a su interlocutor con sus ocurrencias. Es, además, un anciano con lazos indisolubles con China.

Desde 1989, año en que llegó por primera vez a Beijing, ha visitado China varias veces, lo cual ha continuado haciendo en los últimos años, a razón de una vez por año, por razones de trabajo y también para calmar la intensa nostalgia que le provoca estar lejos de este país.

El hombre de que hablamos se llama Antonio Ventola, creador de la compañía italiana SAMIA. Tras fundarla en 1951, se empeñó en ampliar sus operaciones hacia otros países y regiones del mundo. Al mercado chino empezó a prestarle atención hace mucho tiempo, por lo cual visitó el país en 1989. De modo conciso, relata para nuestra emisora sus primeras impresiones sobre China:

"A invitación de la compañía petrolera estatal china Sinopec, visité este país en 1989. Recuerdo bien que en aquel entonces, a lo largo del camino, desde el viejo aeropuerto hasta el centro de la ciudad, iban y venían muchísimas bicicletas, pero se veían pocos vehículos motorizados; sin embargo, hoy raras son las veces que se ven bicicletas en las calles, y los vehículos se han convertido en el principal medio de transporte."

Efectivamente, como dice el señor Ventola, en la década de los 80, etapa inicial de la reforma y apertura, la economía y la vida en China se ubicaban a un nivel relativamente bajo. Los contados vehículos que circulaban y las innumerables bicicletas eran fidedigno reflejo de la situación económica de la China de entonces.

La compañía de Ventola producía principalmente equipos industriales de combustión y ofrecía servicios técnicos. Por eso, había que tomar en consideración el nivel de desarrollo industrial y las demandas locales. En consecuencia, después de su primera visita a China, Ventola no optó por entrar de inmediato al mercado chino. Lo hizo en 1996, momento en que la reforma y apertura habían empezado a dar buenos resultados y el mercado chino presentaba una enorme vitalidad. Ventola y su compañía entraron decididos a China.

"Establecimos una oficina en Beijing en 1996, porque me di cuenta de que el mercado de China, sobre todo su mercado petrolero, tenía un fuerte potencial para crecer. Y teníamos muchos equipos adaptados para China. Yo confiaba en que aquí lograríamos ventas mayores que en cualquier otro lugar del mundo. Además, el costo de producción en China era bajo y contaba con buenas tecnologías y materias primas, así que podíamos fabricar productos de muy buena calidad, para después venderlos al resto del mundo."

Tras la fundación de la oficina en Beijing, Ventola colocó la prioridad de sus negocios en China. Cada año vive un tiempo en el país para participar en el trabajo y brindar orientaciones. Gracias a la creciente demanda del mercado local y la buena calidad de los productos, las operaciones comerciales de la compañía SAMIA han sido muy alentadoras en China.

"Los clientes nos han otorgado altas evaluaciones, puesto que les ofrecemos equipos necesarios y eficaces. Aquí tenemos muchos clientes muy importantes."

Las experiencias en China le han permitido al señor Ventola sentir como propios los progresos alcanzados día a día en este país milenario.

"Son notables los cambios de China, sensación aún más fuerte para los que la visitan con frecuencia. Ellos conocen bien el mercado chino, así como su pueblo y su modo de trabajar. Comparten puntos de vista sobre China y aprecian los éxitos logrados por el país. Como tiene una población tan numerosa, China necesita dedicar más esfuerzos para lograr desarrollo. Los chinos no se satisfacen con sólo exportar camisas y otras mercancias menudas, sino que aspiran a un desarrollo de mayor magnitud e importancia. Están trabajando por este objetivo y esforzándose por ensanchar las áreas de desarrollo. En el sentido del progreso alcanzado, creo que China merece más admiración y respeto que cualquier otro país."

El señor Ventola ha viajado por muchos países y ha vivido por tiempo prolongado en Europa y EE.UU. A su juicio, no hay muchas diferencias entre la vida en Beijing y la de los países desarrollados.

"En China hay de todo. Jamás me sentí confuso o perdido aquí. Aunque no hables chino, puedes tener una vida rica y variada, muy agradable. En las grandes ciudades chinas, la vida es igual de cómoda que en las ciudades grandes de otros países. Cuando uno quiere escuchar un concierto, ver una película, o necesita participar en alguna reunión, no habrá ningún problema, e incluso, en China puedes ver cumplidos más objetivos de los que te propongas."

Como dice el señor Ventola, se han registrado enormes cambios en China, tanto en la vida de su pueblo como en la fisonomía del Estado. El ingreso de los campesinos crece rápidamente, el nivel de vida de la población rural se ha elevado notablemente, además se observa un salto cualitativo en el vestir, el comer, el transporte, la vida en general. Sin embargo, hay que reconocer que existen desequilibrios regionales en lo tocante al nivel de desarrollo económico y social. Esta es la razón por la cual Ventola destaca en especial la vida de las grandes ciudades chinas. Pero al mismo tiempo, aprecia el anhelo y los esfuerzos del gobierno chino para aliviar el desbalance de desarrollo regional.

"Aunque el desarrollo de China se muestra en gran medida en las grandes ciudades, veo que en las zonas rurales, montañosas e interiores están sucediendo también cambios muy activos."

Aunque son muchas las diferencias entre China y Occidente, justamente son ellas, en especial las particularidades culturales, las que constituyen el gran atractivo del país. Por eso, a pesar de sus venerables 80 años, Ventola está dispuesto a viajar por China cada vez que tenga tiempo libre.

"Pretendo conocer más tradiciones chinas, ya que me parece muy interesante la historia del país. Por eso, siempre procuro viajar, para conocer más lugares destacados por la cultura o el desarrollo económico. El año pasado fui a ver la presa de las Tres Gargantas del Río Yangtsé. Es realmente una maravilla enorme sin par. Tanto por su tecnología como por su fisonomía, la presa puede ser una obra digna de atención del mundo entero. Especialmente cuando supe cómo funciona y qué papel desempeña, mi admiración fue aún más fuerte."

Al dar sus impresiones sobre la gente china, el empresario italiano Ventola dice:

"Por su idioma y tradiciones, los chinos son diferentes de los occidentales. El chino es un idioma muy difícil y casi no tiene similitudes con el nuestro. Además, los chinos tienen algunas costumbres muy diferentes a las de los occidentales. Por ejemplo, casi no dicen que "no" si les pide algo, porque consideran descortés rechazar a los demás. Pero esto jamás ha sido obstáculo para hacerme amigo de ellos."

En sus ratos de ocio, a Ventola le gusta platicar con sus amigos chinos, con quienes discute sobre las relaciones remotas entre los pueblos chino e italiano, y viajar con ellos por lugares históricos y culturales.

"En tiempos normales, me gusta leer algo sobre la historia china, en particular relacionado con Italia. Por ejemplo los relatos de Marco Polo y de Matteo Ricci. Y viajo frecuentemente. Además de las Tres Gargantas, que he mecionado, he ido también a Wutaishan, una montaña sagrada del Budismo en Shaanxi. En una palabra, todo lo relacionado con la cultura y sociedad de China, diferente de la nuestra, me interesa."

La expansión sin contratiempos de los negocios, una buena adaptación a la cultura, las tradiciones y hábitos de China, y una convivencia feliz con el pueblo chino, así como un gran interés por el misterioso y antiguo país, contribuyen a que Ventola considere a China como parte indispensable de su vida.

Al término de la entrevista, el señor Ventola afirma a nuestra emisora,

"Nunca me pasa por la mente dejar de venir a China. No dejaré de visitarla mientras pueda mover mis piernas."

 
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