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Si viaja usted a la provincia de Sichuan, Jiuzhaigou y Huanglong, situados en el oeste de esta provincia, son lugares que los turistas no pueden ignorar. ¿Por qué son tan importantes y por qué nosotros, los chinos, los consideramos como el paraíso en la tierra?
Jiuzhaigou se sitúa en la prefectura autónoma de Aba, de la etnia Zang y Qiang, en el oeste de la provincia de Sichuan. Es un valle que tiene la forma de la letra "Y", con una profundidad de más de 40 kilómetros. En el valle asientan un total de nueve aldeas tibetanas. Por eso, la gente denomina a este lugar como Jiuzhaigou (Valle con nueve poblados).
En años recientes el señor Nerohem Yam, de Israel, ha realizado visitas a diferentes partes de China como Beijing, Shanghai, Zhejiang, Shanxi y otras provincias, así que ya cuenta con bastantes conocimientos sobre la cultura y paisaje de nuestro país. Aún así, al llegar a Jiuzhaigou y apreciar la belleza sobresaliente allí acumulada, el señor Nerohem no podía contener su alegría. Así nos describió el lugar:
"Es el lugar más hermoso de China. Nunca he visto un paisaje tan maravilloso en otros lugares. Es muy espectacular y muy distinta su belleza a cualquier otra."
El agua constituye el alma de Jiuzhaigou, pues constituye un elemento mágico de la hermosa naturaleza. En las cuencas se ven esparcidos más de 100 lagos de altiplanicie, de diferentes formas, con agua clara, transparente y de variados colores. Los tibetanos del lugar los llaman "haizi", lo que significa "hijo del mar".
El agua de haizi es tan transparente que se ven claramente las piedras y las plantas que habitan en lo profundo. Los colores varían en estos lagos: algunos cuentan con un azul de zafiro, otros es tan verde como si fuera un lago de jade, y en algún caso muestran un amarillo misterioso. Si se aprecia de cerca el lago más grande de esta región, el lago de Changhai, el agua es clara y verde, y si se ve desde muy lejos el agua es del color azul, tan tranquila como un espejo, en el cual se reflejan las montañas de los alrededores, como si fuera una pintura que describe la belleza de la naturaleza.
Un turista japonés, Morisita Sadamasa, después de conocer el hermoso lago, lo elogió de esta forma:
"He visto en nuestro país programas de televisión con imágenes del paisaje de Jiuzhaigou. Pero cuando llegué aquí por mi propio pie, me pareció que el paisaje real es mucho más bonito que el contemplado en la televisión. En Japón también tenemos algunos lagos como éstos, pero los de aquí son más hermosos."
El prolijo colorido del agua de Jiuzhaigou se debe a causas naturales, es decir, a la natural topografía cárstica del valle y a que el agua contiene en abundancia iones de calcio, de magnesio y de ácido carbónico, que reflejan mejor los rayos de color azul y verde. Otra causa es que en el agua hay más de 200 variedades de algas con distintos colores.
Cuando el agua del haizi se precipita, la tranquilidad del valle se altera, pero genera cascadas maravillosas. En Jiuzhaigou hay 17 grupos de cascadas. Con una caída no muy alta pero una anchura bastante grande, estas joyas naturales forman una cortina de perla que cubre todo el precipicio, escena que muestra la gran fuerza de la naturaleza. Una de estas maravillas naturales, llamada Nuorilang, presenta la caída más ancha de nuestro país.
Así es Jiuzhaigou, valle de nueve aldeas tibetanas, el paraíso en la tierra. En el año 1992, la UNESCO reconoció esta región como Patrimonio Natural Mundial.
Para los habitantes tibetanos de la localidad, las montañas, los lagos, el bosque y las piedras de este valle son sagrados y un regalo de los dioses. Una muchacha tibetana, Yi Na Man Hong, nos dijo que desde muy niña los ancianos la habían educado para que protegiera este valle con su corazón:
"Nosotros, tibetanos, creemos que todas las cosas existentes en el mundo son obsequios de los dioses, incluso las montañas, los lagos, los árboles, etc. Los seres humanos debemos protegerlos en vez de hacerles daño. Los ancianos siempre dicen a los jóvenes que no laven ropas o cosas sucias en el río, para proteger la pureza del agua."
Yi Man Na Hong y su pueblo siguen viviendo en Jiuzhaigou, utilizando banderas con palabras sagradas, torres blancas y otros adornos de la religión tibetana con los que expresan su bienvenida a los turistas. Es un gran placer para los visitantes el poder acercarse a una casa tibetana, tomar una taza de té con mantequilla, una copa de licor de Qingke, cultivo tradicional tibetano, y luego apreciar la danza de su etnia. Todo ello constituye una demostración de la cordialidad de los habitantes locales.
Después de disfrutar del maravilloso valle Jiuzhaigou, nos trasladamos a la zona paisajística de Huanglong, para seguir nuestro viaje por este paraíso en la tierra. Esta región fue reconocida como Patrimonio Natural Mundial junto al valle Jiuzhaigou en el año 1992 y su mayor atracción también es el paisaje.
Si se aprecia el valle desde lo alto de la montaña podrá entenderse por que la gente denomina a este lugar Huanglong, dragón amarillo. En el valle existe una zona cubierta de calcio carbonatado de una longitud de cuatro kilómetros, como si fuera un dragón que cruza el bosque, y una zona montañosa cubierta de nieve. Encima de la cubierta de calcio carbonatado existen más de 3.000 lagunas, pequeñas y grandes, de las que brotan diversos colores a la luz del sol. Hay un grupo de lagunas llamado ¨ Lagunas de Cinco Colores ¨, compuesto por más de 700 lagunas de distintos colores.
Sin embargo, a la altura de 4.000 metros sobre el nivel del mar, no todos los turistas cuentan con suficiente energía para alcanzar a pie esta belleza natural. Kou Yahui, un responsable de esta región, nos dio cuenta de las medidas dispuestas para ayudar a los turistas a superar los problemas de la altura:
"Hemos construido un teleférico para que los turistas puedan alcanzar lo alto de la montaña y apreciar de cerca las Lagunas de Cinco Colores. Además, hemos preparado cinco estaciones médicas que ofrecen oxigeno gratuito a los montañistas."
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