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La historia de Yandi, el dios del sol
2008-07-25 14:55:01   CRI

Tal como se relató en la historia "Hou Yi derribó los soles", la humanidad se salvó al derribar aquél nueve de los diez soles. Pero, ¿cómo actuaba el sol sobreviviente?

Desde que sus nueve hermanos habían sido abatidos, el sobreviviente tenía miedo. Todos los días partía del Este y descendía por el Oeste, dando una larga caminata celeste, sin atreverss a descuidarse ni a holgazanear. Pero, a medida que fue pasando el tiempo, se volvió cada vez más negligente. A veces, se divertía en el Estanque Tanggu y se retrasaba para ir al cielo; otras veces se quedaba dormido en la Rosa ds China durante largo tiempo, sumergiendo al mundo en las tinieblas, de modo que no se podían distinguir el día y la noche. Las plantas estaban a puntó de marchitarse; la temperatura bajaba y los seres humanos, las aves y los animales se arracimaban. El mundo estaba al borde de la ruina completa.

 

Cuando se enteró de esta situación, el Soberano del Cielo envió en seguida al Este a un dios llamado Yan Di para que vigilara la labor del sol. Este despertaba al sol a una hora fija y conducía su Liu Chi que era un carro tirado por seis dragones sin cuernos, en pos del sol para intimarle a cumplir su tarea del día. Yan Di era, pues, un dios del sol encargado de administrar al sol. Por haber vivido junto con el sol en el Este, también recibía el nombre de Soberano del Este.

El dios del sol era elegante y marcial. Vestía una blusa verde y una túnica blanca. En la mano izquierda llevaba un látigo llamado "Ruó Mu" y en la derecha un arco. El látigo "Ruó Mu" estaba hecho de una madera mágica y luminosa que se obtenía en el Oeste. Tenía dos virtudes: arreaba al sol y lo limpiaba en caso de que lo mancharan las nubes, la bruma y el polvo. El arco, junto con sus largas flechas, servía para matar al lobo celeste. Se dice que, al igual que en la tierra, en el cielo también existían varias fieras. El lobo celeste era una bestia feroz que se escondía en el cielo para cazar y comer estrellas. Incluso, cuando tenía hambre, se abalanzaba sobre el sol o la luna para morderlos. Por eso, este dios no I solamente era el vigilante sino también el pro-iíector del sol.

Para que el sol pudiera despertarse a una hora fija todos los días, el Soberano del Cielo también envió allá un gallo de jade. El plumaje de éste era completamente blanco, el pico y sus espuelas eran dorados y la cresta roja. Tenía su morada en la Rosa de China, donde vivía el sol, y cada día, cuando ya iba a amanecer, cantaba, alargando el cuello, con una clara entonación que podía llegar a gran distancia. Al oír el primer canto del gallo de jade todos los gallos de la tierra respondían en coro en seguida. Cuando el sol partía desde el Este, Yan Di conducía su carro tirado por seis dragones sin cuernos para seguirlo hasta el monte Yanzi, en el Oeste, donde el sol se ponía tranquilamente. Detrás del monte Yanzi también había un gran estanque llamado Mengshui. Después de su ardua jornada de trabajo, el sol se bañaba complacido en el estanque para quitarse la fatiga. Después, entraba en Yuyuan, que era un canal que se comunicaba con el Estanque Tanggu, por el cual regresaba a su lugar de partida. Finalmente, dormía apaciblemente en la Rosa de China para poder cumplir bien la tarea del día siguiente.

Cierto día, como de costumbre, Yan Di conducía su carro siguiendo al sol. Sin embargo, al pasar por el río de las Aguas Rojas los seis dragones se detuvieron de repente porque Itenían sed. Este río, cuyas aguas claras salían "serpenteando de los barrancos, debía su nombre a que se había originado en el monte Flor de Durazno donde había por todas partes huertos de melocotoneros frondosos. Dicen que una vez, cuando llegó la floración en la primavera, las aguas del río se tiñeron de rojo, y de ahí su nombre. Yan Di paró entonces el carro .y condujo a los dragones a la orilla para que abrevaran.

En ese momento, se oyó un murmullo y hubo un tintineo, como si las aguas chocaran contra una roca. Era un sonido muy claro y agradable al oído, pero algo melancólico. Yan Di miró hacia el lugar de donde provenía el sonido y vio una beldad que estaba tocando laúd sentada al lado de una fuente.

Esta era la hija de la diosa del río de las Aguas Rojas y se llamaba Ting Yao. Vivía sola y abandonada en el monte. Cada vez que sentía solitaria, se sentaba al lado de esta ? fuente y tocaba su laúd para pasar el tiempo. melodía, acompañada por el murmullo y el tintineo de las aguas, vibraba por el aire, como si revelara la tristeza de la muchacha. La melodía era tan emocionante y triste, que í hasta las hierbas en las orillas del río y las flores de durazno derramaban lágrimas furtivamente. El lugar había recibido por eso el nombre de Fuente de la Tristeza.

Siguiendo a la melodía, Yan Di se acercó sigilosamente a la muchacha y, escuchando extasiado, se apoyó en una roca verde. Ting Yao tocaba tan absortamente que no se percató de la presencia de Yan Di. Apenas terminó de tocar la muchacha, Yan Di dijo con voz de sorpresa:

? ¡Ah! ¡Qué melodía tan emotiva! ¡Llega al fondo del corazón!

Sólo entonces, la muchacha descubrió que a su lado había un hombre imponente y guapo. Una llamarada le recorrió las mejillas mientras se apresuraba a recoger el laúd para marcharse.

? La melodía que tocas es muy conmovedora, pero algo triste. ¿No te sientes bien? ? preguntó en tono cordial Yan Di.

Cohibida de tener que hablarle de su soledad a un desconocido, en particular, a un hombre joven, la muchacha sólo echó una mirada a Yan Di sonriendo y bajó la cabeza.

? Mira, ¡ qué hermoso es el paisaje de la primavera! La tierra está llena de energía y vitalidad: Los pájaros cantan alegremente entre los árboles; los peces nadan libremente en el agua; la gente trabaja en el campo; y las plantas crecen frondosas bajo la brisa primaveral. ¿Por qué no tocas una melodía alegre??dijo el optimista Yan Di, mientras reía a carcajadas. Las palabras de Yan Di impresionaron profundamente a Ting Yao y, como los rayos del I sol, penetraron en su corazón. Levantó la cabeza y lo miró sintiendo una oleada de calor y de alegría, pero, como era tímida, no quería revelar sus sentimientos. Bajó la cabeza y comenzó a tocar el laúd. Ahora la música era agradable al oído y llena de esperanza.

Desafortunadamente, Yan Di no podía detenerse más porque tenía que continuar su marcha. Aprobando con la cabeza, se despidió : de la muchacha apresuradamente.

Pero durante el camino, la melodía que había tocado Ting Yao siguió resonando en los oídos de Yan Di y la hermosa figura de la muchacha persistía ante sus ojos. En realidad, estaba enamorado de la joven.

A partir de aquel día, cada vez que pasaba jor allí Yan Di siempre se detenía por un movíento so pretexto de que tenía sed o que debía icer un alto en el camino, para charlar con fing Yao y escuchar lo que ella tocaba. Ella, su vez, también se sentía sumamente alegre :on la compañía de Yan Di. La melodía ya 10 era tan triste como antes sino llena de pasiones y esperanzas.

Ambos se enamoraron y posteriormente se casaron, viviendo en perfecta armonía de sentimientos y quereres. Tuvieron un hijo y dos hijas. El hijo se llamaba Yan Ju, sobre el cual no se transmitió a la posteridad ninguna historia. La hija mayor se llamaba Yao Ji y la menor Nü Wa.

 
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