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Pan Gu Formo el Mundo
2008-04-30 11:06:28   CRI

En la actualidad, podemos explicarnos cien¬tíficamente el origen del universo, la tierra, el hombre y las distintas especies. Sin embargo, en la remota antigüedad se transmitían las si¬guientes historias.

En una época inmemorial no existían el cielo ni la tierra. El universo era una nebulosa ca¬ótica y embrionaria que tenía la forma de un gran huevo. Allí dormía, apacible y tranqui¬lo, un gigante llamado Pan Gu.

Al cabo de dieciocho mil años, el gigante se despertó. Encolerizado porque en derredor suyo reinaban las tinieblas, sacudió sus brazos, vi¬gorosos como el hierro, para separarlas. Hubo una explosión ensordecedora y el gran huevo se reventó de improviso.

La nebulosa caótica y primitiva, que había permanecido concentrada en un solo sitio durante varios cientos de miles de años, empezó a girar convulsivamente. Las materias ligeras se levantaron vertiginosamente, dispersándose para formar el cielo azul, mien¬tras que las pesadas comenzaron a precipitarse dando origen a la tierra. Pan Gu, desahogado y alegre, exhaló un suspiro mientras se afirma¬ba entre el cielo y la tierra.

A pesar de que el cielo y la tierra se habían separado, Pan Gu, preocupado de que se volvieran a unir, resolvió sostener al primero con las manos e hizo progresar su talla verti¬ginosamente. Creció diariamente 3,3 metros, separándose a este mismo ritmo el cielo y la tierra. Después de que transcurrieron otros dieciocho mil años, el cielo alcanzó mayor al¬tura y la tierra se solidificó. Por su parte, Pan Gu llegó a tener una estatura de 45.000 kilómetros y, apoyando sus pies sobre la tierra, sostuvo el cielo con la cabeza: era digno de que se le llamase gigante.

El mundo se formó gracias a los poderes mágicos que poseía Pan Gu y, debido a su esfuerzo, el cielo jamás volvió a fusionarse con la tierra. Las tinieblas y el caos se disiparon para siempre, pero Pan Gu agotó todas sus energías y murió extenuado poco más tarde.

Pan Gu aspiraba a crear un mundo bello y resplandeciente donde coexistieran el sol y la luna, las montañas y los ríos, y todas las especies. Desgraciadamente, murió sin poder plasmar esta grandiosa causa.

Sin embargo, como hecho muy extraño, en el momento de su muerte, su cuerpo sufrió una metamorfosis repentina, dando origen a todo lo que nos rodea:

De su aliento nacieron el viento primaveral y las nubes que nutrían a los seres; su voz se convirtió en el trueno ensordecedor.

Su ojo izquierdo se transformó en un sol brillante, y, el derecho, en una hermosa luna; sus cabellos y la barba dieron origen a inconta¬bles estrellas.

Sus cuatro extremidades y el tronco dieron principio a los cuatro puntos cardinales y a las cinco grandes montañas sagradas.

De su sangre brotaron enormes y tumul¬tuosos ríos y sus tendones se transmutaron en amplios caminos dispuestos en todas las direc¬ciones.

Sus músculos se convirtieron en tierras fér¬tiles; y los dientes, los huesos y la médula de sus huesos, en blanco jade e infinitas reservas minerales.

El fruto de sus vellos fueron las plantas, la hierba y los árboles, y el de su sudor, la lluvia y el rocío.

En una palabra, gracias al poderío má¬gico del gigante Pan Gu y su espíritu de auto-sacrificio, nació un mundo exuberante, pletórico de colorido y esplendor. Pero, ¿cómo surgió el hombre? Según se dice, éste se originó, después de la muerte de Pan Gu, en su espíritu y su alma, los cuales ha¬bían permanecido concentrados durante largo tiempo. Es decir, nosotros somos descendientes directos de Pan Gu. Tal vez, y no es de extra¬ñar, es por eso que el hombre fue el único ser inteligente entre todas las criaturas, habiendo sido hasta hoy un virtuoso en la transforma¬ción de la naturaleza, el más sabio, el más pers¬picaz y el más poderoso.

 
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