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Huainanzi: Lecciones de liderazgo y Estrategia
2008-01-18 09:58:09   CRI
En una sociedad incoherente, los activistas se promueven uno al otro alabándose mutuamente, mientras que las personas cultas se honran una a otra con hipocresía.

Los falsos escritores son deliberadamente prolijos y confusos para aparentar sabiduría; sus interminables reflexiones, que compiten en sofisticación, son inconsecuentes, sin beneficio para el orden social.

Los usos de una sociedad decadente consisten en la astucia y el engaño para encubrir lo inútil.

Cuando las personas tienen más de lo necesario, se someten; cuando tienen menos de lo necesario, litigan. Cuando la gente se somete nacen la cortesía y la justicia; cuando litiga, surgen la violencia y el desorden.

En el bosque no se vende leña, ni se venden peces junto al lago, debido a la sobreabundancia: Cuando hay en abundancia disminuyen los deseos; cuando las necesidades son mínimas se detiene la represión.

Cuando la sociedad está en orden, la gente común es honesta y no puede ser seducida por el lucro. Cuando la sociedad está en desorden, las élites son corruptas y no pueden ser detenidas por la ley.

La conducta de lo reyes sabios no lastimaba los sentimientos del pueblo, de modo que aunque los reyes disfrutaran, el mundo estaba en paz.

Los reyes perversos rechazaban al justo desterrándolo de modo que mientras los reyes disfrutaban, el país marchaba hacia su destrucción.

Cuando las preferencias y los disgustos empezaron a primar, el orden y el caos encontraron su camino.

Una sociedad degenerada se caracteriza por su expansionismo e imperialismo, y por embarcarse en operaciones militares contra países inocentes, masacrando a los inocentes y arrasando con la herencia de las antiguas civilizaciones.

Los países grandes se vuelven ofensivos, y los pequeños se ponen a la defensiva. Se le arrebata el ganado al pueblo, sus hijos son tomados prisioneros, sus altares son arrasados, y sus más preciadas posesiones son destruidas, La sangre empapa la tierra y los esqueletos cubren los campos: todo para satisfacer la insaciable avidez de los gobernantes.

Esta no es la finalidad verdadera de la existencia del ejército. Un ejército existe para aplacar la violencia y no para provocarla.

El arte de conducir a los seres humanos es ocuparse de los asuntos sin alharaca y enseñar sin palabras; ser puro y calmo, inamovible, consistente más allá de la agitación, delegando asuntos a los subordinados de acuerdo a las costumbres, de modo que las tareas se cumplan sin tensiones.

El arte de conducir a los seres humanos es ocuparse de los asuntos sin alharaca y enseñar sin palabras; ser puro y calmo, inamovible, consistente más allá de la agitación, delegando asuntos a los subordinados de acuerdo a las costumbres, de modo que las tareas se cumplan sin tensiones

Las personas aguijoneadas por muchos deseos son hipnotizadas por el poder y la riqueza, seducidas por la búsqueda de fama y estatus. Ambicionan sobresalir en el mundo a través de una astucia excepcional, de modo que su vitalidad y su espíritu son diariamente menoscabados y van disminuyendo poco a poco.

Los gobernantes de naciones en desorden se esfuerzan por expandir su territorio; no se preocupan por la humanidad y la justicia. Se esfuerzan para elevar su estatus, y no les preocupa alcanzar la virtud del Camino. Esto es abandonar los medios de supervivencia y crear las causas de la destrucción. Por esta razón, los déspotas de la antigüedad que fueron derrocados y encarcelados no se arrepentían de sus acciones ni revisaban sus errores, sino que simplemente lamentaban no haber asesinado a sus sucesores cuando todavía tenían la posibilidad de hacerlo.

El Tao es misterioso y silencioso, sin apariencia ni modelo. Su tamaño es infinito, sin medida su profundidad. Sin embargo participa del desarrollo humano, a pesar de que el conocimiento ordinario no puede alcanzarlo.

Aquellos que comprenden el Tao no se concentran únicamente en sí mismos, sino que también están en contacto con el mundo.

 
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