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Huainanzi: Lecciones de Liderazgo y Estrategia
2008-01-04 09:07:44   CRI
Cuando los líderes políticos arruinan sus países y devastan las tierras, haciéndose matar por unos enemigos, en un escándalo para todo el mundo, es siempre a causa de sus deseos sin límite.

Hoy en día, los moralistas reniegan de los deseos sin averiguar cuáles son las razones básicas del deseo, y prohíben el placer sin indagar en sus razones básicas. Esto es similar a construir una represa con las manos.

Los moralistas no pueden evitar que la gente tenga deseos, pero pueden prohibir los objetos del deseo; no pueden hacer que la gente deje de gratificarse, pero pueden abolir los elementos de la gratificación. Aunque que el miedo al castigo evite que la gente robe, esto no es comparable a liberar a las personas del deseo de robar.

Las razones por la cuales las personas cometen crímenes que los llevan a la cárcel o al patíbulo, surgen de la insatisfacción y de la falta de medios.

Todos saben que los malhechores no tienen escape y que los criminales no quedan impunes; sin embargo, quién carece de criterio no puede sobreponerse a sus deseos y comete crímenes que conducen a su propia destrucción.

Los gobernantes exigen dos cosas de sus súbditos: que trabajen y que den la vida por su país. El pueblo espera tres cosas de sus gobernantes: comida para el hambriento, descanso para el abatido y premios para el que es meritorio. Si el pueblo cumplen las dos exigencias del gobierno, pero éste es negligente con respecto a las otras tres que el pueblo espera de él, aun tratándose de un país grande y poblado, las milicias serán débiles.

El general en jefe de Wei preguntó a uno de sus ministros cual es la causa de la caída de una nación. El Ministro contestó: "Muchas victorias en numerosas guerras".

El general repuso "Es afortunado triunfar en numerosas batallas; ¿Cómo puede ser ésta la causa de la caída de una nación?".

El ministro contestó: "Cuando las guerras son numerosas, el pueblo se debilita; cuando se obtienen repetidos triunfos, los gobernantes se vuelven altaneros. Un pueblo debilitado en manos de líderes soberbios es causa segura de la ruina de una nació ".

No es tan bueno recitar los libros de los antiguos reyes como escuchar sus palabras, pero es mejor todavía alcanzar lo que dichas palabras indican. Sin embargo, las palabras no pueden transmitir aquello a lo que apuntan. Por lo tanto, "el camino del que se puede hablar no es el Camino".

 
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