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Fragmentos de Zhuangzi
2007-11-09 09:09:35   CRI
Continuando la tradición taoista, Chuang-Tsé se presenta como maestro esoterista del camino de realización interior a través del cumplimiento de las posibilidades del ser humano y de la superación de la individualidad. Profundamente enraizado en los conceptos de Lao_Tsé, expone la doctrina del "no actuar", la meditación de los "Hombres Verdaderos" y una concepción sagrada de la vida opuesta a la visión individualista y analítica de la realidad, común a los sofistas confucianos.

El influjo del Cielo, ejerciéndose continuamente, produce todos los seres. El influjo del Hombre Verdadero, propagándose uniformemente, hace que todo se le someta. El que intuye el influjo del Cielo, que está en relación con los Hombres Verdaderos, el que reconoce la virtud irradiada por el Emperador, sabe concentrarse en la paz meditativa del no actuar, por el cual todas las cosas alcanzan cumplimiento. La paz meditativa del Hombre Verdadero no es producto de una habilidad específica, no es lo que el mundo llama actividad: proviene de la actitud profunda de su ser, cuyo equilibrio nadie puede perturbar.

Cuando el agua está perfectamente tranquila yace límpida y refleja hasta los pelos de la barba y de las cejas de quien se mira en ella. No hay nada que busque más el equilibrio y el reposo que el agua; y por eso es con agua con lo que se mide el nivel (por el nivel de agua). El agua obtiene de la inmovilidad su nitidez, y así también lo hace el espíritu vital. El corazón del Hombre Verdadero, perfectamente calmo, espeja el universo que a su vez refleja al Cielo y a la Tierra y a todos los seres.

Paz, vacío, silencio y no actuar son la esencia del universo, la perfección del influjo del Principio. Los Emperadores iluminados y los Hombres Verdaderos de la antigüedad conocieron este influjo a través del cual realizaron lo Incondicionado, penetrando en la verdad de las leyes universales. No interviniendo ellos mismos, dejando los cuidados de lo particular a los gobernadores, estaban exentos del placer y de los afanes, y podían encaminarse por el camino de la inmortalidad.

Paz, vacío, silencio y no actuar son la raíz de todas las cosas. La intuición de esta verdad constituye la virtud de un Emperador como Yao y de un ministro como Sciun. Quien ha comprendido esta verdad puede reinar como Emperador sobre el destino de los hombres, y como Hombre Verdadero sobre los espíritus de los hombres. Viva como anacoreta o ejecute una función entre los hombres, su virtud será reconocida, los hombres se volverán espontáneamente a él.

CRI

 
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