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Una aldea infantil :"Amor a la orilla del mar"
2007-09-06 08:56:22   CRI

En Lüshunkou, distrito de la ciudad nororiental china de Dalian, se encuentra el pueblo de Shuangtaigou. En este pueblo, una mujer de 38 años llamada Pan Du ha fundado una aldea infantil llamada "Amor a la orilla del mar", para ayudar a los hijos de personas internadas en establecimientos penitenciarios.

Nuestro reportero se encontró con Pan Du en un pequeño edificio cercano al pueblo de Shuangtaigou. Hace cuatro años, esta emprendedora mujer vio un documental sobre un grupo de voluntarios hongkoneses que ayudan a rehabilitarse a los delincuentes jóvenes. Impresionada por lo que había visto, decidió visitar varias cárceles de la provincia de Liaoning. Pan Du nos explica lo que le contó el director de una de ellas:

"Un matrimonio ingresó en prisión por haber cometido algunos robos. Al día siguiente, la policía vio que en el puente de la cárcel había un niño y una niña. Los trabajadores del departamento de prisiones pensaron que debían turnarse para cuidarlos".

Pan Du pensó que estos niños tienen todo el derecho a disfrutar de una infancia feliz y también necesitan del calor familiar. Así fue como se le ocurrió la audaz idea de fundar una aldea infantil donde acoger a los hijos de los presos.

En el otoño del 2003, Pan Du dejó su empleo y, junto con dos amigos, invirtió 50 000 en la compra de un pequeño edificio próximo a la aldea de Shuangtaigou, futura sede de aldea infantil "Amor a la orilla del mar". Luego visitaron varios centros penitenciarios de los alrededores de la ciudad de Dalian y firmaron con algunos internos un acuerdo para hacerse cargo de sus hijos. Una vez en la aldea infantil, estos niños empiezan a ir a una escuela vecina. Los gastos de la educación y la manutención corren a cargo de la aldea infantil.

En general, se trata de niños cuyos padres no les han dispensado los cuidados necesarios. Además, en algunos casos han sido vagabundos, estilo de vida que ha repercutido negativamente en el desarrollo de su personalidad. Escuchemos seguidamente a Yang Mei, una de las "madres" de la aldea infantil:

"Cuando llegan aquí, los niños se mantienen muy vigilantes y se muestran muy recelosos. Si tocamos sus cosas, reaccionan enérgicamente y nos dicen: 'No toque usted eso; es mío'. Nos da la sensación de que son muy egoístas".

Yang Mei, de 28 años, lleva tres años trabajando en la aldea infantil "Amor a la orilla del mar". A pesar de ser soltera, ya conoce las tristezas y alegrías de las madres. Su tolerancia y amor maternal influyen muy positivamente en el desarrollo afectivo de los niños. El caso que más le ha impresionado es el de un niño inteligente y bien parecido llamado Hai Wa. Cuando tenía 8 años, su padre mató a su madre. Esta tragedia supuso un golpe durísimo para Hai Wa, cuya vivacidad se transformó en aburrimiento y agresividad.

"En aquel momento sentí un odio indescriptible hacia mi padre, porque pensaba que había destruido nuestra familia. Veo que otros niños cuentan con el amor de sus padres y yo no. Por eso los envidio mucho y me siento inferior".

El cariño con el que las "madres" de esta aldea infantil tratan a los niños contribuye a paliar su sufrimiento. Les ayudan a asearse y, a la hora de acostarse, los acompañan a la cama y les cuentan cuentos. Si un niño cae enfermo, lo cuidan con ternura y lo acompañan las veinticuatro horas. Las "madres" de esta gran familia les dan todo su amor, tanto es así que apenas les queda tiempo para atender a sus maridos y sus propios hijos.

Gracias a los cuidados dispensados por estas "madres", los niños de la aldea infantil "Amor a la orilla del mar" crecen de una manera sana y comprenden lo que significa preocuparse por los demás. Guiados amorosamente por ellas, van racionalizando sus tristes experiencias y aprenden a aceptar la situación de sus padres recluidos en centros penitenciarios.

La transformación psicológica de los niños es una fuente inagotable de satisfacción y alegría para las "madres" de la aldea infantil. Pero lo más alentador es que la situación de estos niños ha despertado el interés de la sociedad. Este interés se manifiesta en la prestación continúa de apoyo financiero y material a la aldea infantil por parte de gobiernos de todos los niveles, instituciones benéficas y particulares. En esta aldea infantil el nivel de vida dista de ser holgado, pero Pan Du se muestra muy tranquila:

"Podemos ver lo que sucede en el mundo que nos rodea e interesarnos por la situación de la multitud de niños necesitados de ayuda. Creo que el amor es más sensato que el odio y que es mejor dar que recibir. Quien da amor, recibe amor; y quien ofrece felicidad, recibe felicidad".

Como nos explicó Pan Du, el nombre de su aldea infantil, "Amor a la orilla del mar", representa la esperanza de que la vida que allí llevan los niños, comparable a la erosión constante provocada por las olas, los ayude a borrar sus tristes recuerdos y a abrir amplios horizontes en su corazones. En la aldea "Amor a la orilla del mar", los niños redescubren la felicidad de la infancia y las lágrimas no vuelven a empañar la alegría reflejada en sus rostros.

 
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