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Tiempo libre de los emigrantes del campo
2007-02-26 10:33:37   China Hoy - CRI

Por LUO YUANJUN

Yan Chenghai y Hu Bing, dos jóvenes trabajadores emigrados del campo, concluyen su labor diaria un día cualquiera a las 7 de la tarde, en un sitio de construcción en el suroeste de Beijing. Los dos muchachos, junto a sus compañeros procedentes de todas las partes del país, se sienten cansados pero con el regocijo de contar con algo de tiempo libre. Charlando y riendo abandonan la obra en busca de ocio.

La noche anterior, después de jugar tres horas al billar y no haber ganado ni un solo juego, Yan Chenghai invitó a Hu Bing a comer en un puesto callejero de brochetas de carne asada, pagando diez yuanes ? unos 1,2 dólares.

De 25 años, Hu Bing trata a Yan Chenghai, tres años más jóven que él, como a un hermano menor, porque los dos provienen de la provincia de Hebei. La noche anterior, Hu Bing pagó casi la misma suma por cerveza. Además, prometió que en los próximos juegos, si su amigo le gana aunque sea una sola vez, le invitará a comer en un restaurante. Por supuesto, después de recibir el salario del mes.

Los dos muchachos son solteros y no tienen novia. Según Hu Bing, entre los trabajadores emigrados que él conoce, ninguno ha encontrado su media naranja en la ciudad donde se gana la vida. Ellos siempre regresan a su pueblo natal a buscar pareja, después de trabajar varios años fuera y ahorrar una suma decorosa.

La tlevisión ocupa buena parte de la recreación.

Aunque los trabajadores casados no suelen traer a sus esposas a las ciudades, cuando lo hacen tampoco pueden vivir juntos, pues los alquileres urbanos están infinitamente fuera de su alcance. "Por lo regular, sólo ganamos unos mil yuanes al mes, y si le restamos de cuatrocientos a quinientos yuanes por una habitación rentada, no nos quedará suficiente para otros gastos".

En la provisional cobija de la compañia constructora, los dos muchachos y otros diez compañeros comparten un cuarto de 6 literas de 14 m2 de superficie. En las horas de asueto juegan a las cartas y toman cerveza. En algún sentido, esta convivencia alivia la nostalgia de los jóvenes por el terruño natal.

Un importante contenido del limitado tiempo libre es hacer amistades. Con frecuencia, Yang Chenghai y Hu Bing van a otros sitios de construcción para reunirse con sus paisanos, con quienes beben cervezas e intercambian noticias recién llegadas del pueblo natal, o informaciones de oportunidades laborales. Si alguno encuentra dificultades, también puede contar con el apoyo de sus paisanos.

Sin embargo, siempre existe la aspiración por el amor. En una ciudad sureña de China los jóvenes trabajadores emigrados pueden asistir a bailes nocturnos al aire libre. Una oportunidad para vestirse con ropa limpia y buscar muchachas.

Pero según una encuesta, los trabajadores emigrados dedican su tiempo libre principalmente a ver televisión, dormir y charlar, en porcentajes respectivos de 24%, 19,2% y 16,8%. Estas actividades obviamente no contienen muchos elementos culturales y sirven nada más para matar el tiempo y recuperar la energía. Hay otras opciones como jugar al ajedrez chino, leer (oir la radio), navegar en Internet y hacer ejercios físicos. Estas actividades ocupan sólo 8,8%, 8,8%, 0,8% y 0,8% de su tiempo, respectivamente.

En marzo de 2006, una investigación sobre la situación extralaboral de los trabajadores emigrados, realizada por el Instituto de Desarrollo Social de la Academia de Ciencias de la Provincia de Hebei, en la capital provincial, obtuvo la siguiente conclusión: en sus horas libres, la mayor parte de los trabajadores emigrados carece de acceso a actividades culturales organizadas y de pasatiempos. La barrera estriba principalmente en la escasez de capital y tiempo, pese a que los trabajadores demuestran entusiasmo por las actividades y aspiran a que la sociedad y el gobierno le concedan al tema la importancia que tiene.

El gasto es la primera consideración

El dinero es la premisa que determina las opciones de los emigrantes en su tiempo libre y, al mismo tiempo, según la investigación, es el mayor obstáculo. En realidad, el nivel de consumo de los trabajadores en actividades culturales es muy bajo. Al respecto, el 54% de ellos gasta menos de 50 yuanes (seis dólares) al mes, 4%, entre 50 a 100 yuanes, mientras que 28%, dedica cero gastos a este apartado. En el caso de Hu Bing y Yan Chenghai, su sitio favorito es el billar, que cobra un yuan por cada partida. Allí los muchachos disfrutan del juego, pese al mal estado de los equipos.

Otros más ahorrativos prefieren no gastar nada en su tiempo libre. "Entre mis paisanos, algunos de mayor edad envían a la familia cada centavo que ganan. Después del trabajo, ellos dan paseos en lugares cercanos, o ven televisión, o juegan a las cartas, actividades que no les cuestan nada", afirma Hu Bing.

Varios parques de acceso libre son otros lugares frecuentados por los trabajadores emigrados. "Me gusta ir a los parques, no por el paisaje, sino porque allí siempre se reúnen jubilados que cantan ópera tradicional. A mi parecer, los ancianos poseen alto nivel profesional y me ha gustado la ópera desde niñez", dice Yan Chenghai.

Las zonas lujosas y comerciales de la ciudad no pertenecen a estos trabajadores emigrados. En los primeros días de Yan Chenghai en Beijing, Hu Bing lo llevó a conocer el bulevard comercial de Wangfujing, la zona más próspera de la capital, para satisfacer la curiosidad del joven por la metrópoli. Pero el alto precio de las mercancías y los transeúntes bien vestidos marcaron desde un principio la distancia entre ellos y estos sitios.

Ir al bar de Internet es pasatiempo de los trabajadores emigrados de menor edad. Por lo general alquilan una sola computadora y navegan por Internet juntos. A Yan esto le proporciona la oportunidad de enterarse de acontecimientos interesantes, que al día siguiente narra ante sus compañeros de trabajo, con lo cual se gana la estima y hasta la admiración de los mismos.

Comprar un televisor y un reproductor de DVD de segunda mano es la opción más popular entre los trabajadores emigrados, porque no cuestan mucho, y les dan la oportunidad de optar por programas y conocer las producciones cinematográficas más recientes.

Aunque en los barrios de viviendas cercanos hay instalaciones gratuitas para hacer ejercicios físicos, las mismas no atraen a los trabajadores emigrados, "El trabajo del día ya me consume toda la fuerza", explica Hu Bing. "A los habitantes urbanos les hace falta hacer ejercicios porque no gastan tanta energía".

A Hu Bing le parece racional que los urbanos vayan al gimnasio, pero le cuesta trabajo entender porqué los jóvenes gastan dinero y tiempo en los bares. "Una botella de cerveza de dos yuanes cuesta decenas de yuanes en los bares, ¿cómo se les ocurre ir a tomarse una cerveza allí? ¿Acaso no saben sacar cuentas? "

Cada uno de estos trabajadores emigrados tiene su cuenta muy clara. Al recibir su salario, lo divide en varias partes, según el presupuesto: una parte para enviar a casa, otra para cubrir sus propias necesidades, y el resto para darse algún gusto. "La fecha de pago siempre es el día de mayor alegría", agrega Hu Bing.

Medidas de las empresas y el gobierno

El municipio de Changzhou de la provincia de Jiangsu planea establecer de 500 a 600 "Escuelas de Nuevos Ciudadanos", para ofrecer cursillos y clases gratuitas a los 800 mil trabajadores emigrados del campo que trabajan en la ciudad. A la vez, se trata de enriquecer su vida extra laboral, organizando competencias de Karaoke, de cartas y ajedrez.

El Grupo de Obras Constructivas de Beijing contrata cada año a 80 mil trabajadores emigrados del campo para sus más de 200 obras de construcción en la capital. El grupo, con el apoyo de la Biblioteca de la Capital, fundó una pequeña biblioteca para los trabajadores, con el fin de satisfacer su necesidad de estudiar y relajarse. La llamada Biblioteca Filial del Grupo de Obras Constructivas de Beijing, pese a tener una superficie no mayor a varias decenas de metros cuadrados, cuenta con una gran variedad de libros, incluidos títulos recién publicados. Es asimismo la primera especialmente hecha para los trabajadores emigrados en Beijing.

 
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