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La primera Conferencia Afro-Asiática se celebró del 18 al 24 de abril de 1955 en Bandung, apacible ciudad de la isla indonesa de Java. Ansiosos de poder decidir su propio destino, los países asiáticos y africanos tomaban por primera vez la iniciativa de convocar un encuentro en favor de la unidad y en contra del imperialismo y el colonialismo. Entre las delegaciones asistentes a la cumbre, en la que participaron jefes de Estado y de gobierno de 29 países asiáticos y africanos, destacaba la de China, encabezada por su primer ministro Zhou Enlai.
Sin embargo, los imperialistas y colonialistas, que se oponían de plano a dicho encuentro, intentaron obstaculizarlo y sabotearlo. El resultado de todo ello fue una estremecedora guerra secreta.
En marzo de 1955, nuestro departamento de seguridad obtuvo una información según la cual los servicios secretos de Taiwán estaba planeando aprovechar el viaje a Bandung del primer ministro Zhou Enlai , cuyo nombre cifrado era "el Primero", para atentar contra su vida.
En aquel entonces, la delegación china tenía dos opciones: tomar un barco holandés o viajar abordo del Kashmir Princess, el avión elegido por Air-India para el vuelo chárter que realizaría el servicio aéreo internacional Hong Kong-Yakarta.
A principios de abril obtuvimos información más detallada: los agentes taiwaneses intentarían poner una bomba de relojería en el Kashmir Princess, recurriendo para ello al personal de tierra del aeropuerto de Hong Kong. Todos estábamos muy preocupados por la seguridad de nuestro primer ministro y de nuestra delegación.
Entretanto, Zhou fue invitado a desplazarse a Birmania(actual Myanmar) para tomar parte en una reunión preparatoria. Dado que el tiempo apremiaba, estudiamos la posibilidad de tomar otro vuelo chárter indio que cubría la ruta norte (Kunming-Yangún-Yakarta). El 9 de abril, animados por la noticia de que el vuelo de prueba había sido un éxito, decidimos que nuestra delegación siguiera ese itinerario.
Una vez en Kunming, Zhou telefoneó a Beijing y pidió al Ministerio de Relaciones Exteriores que transmitiera la información disponible al encargado de negocios interino del Reino Unido en China y, que a través de este, exigiera a las autoridades hongkonesas que garantizasen la seguridad del personal chino, ya que si bien el primer ministro no tomaría el Kashmir Princess, varios delegados llegados ya a Hong Kong iban a viajar en ese avión. La cancillería convocó con carácter de urgencia al diplomático británico para proporcionarle la información que habíamos obtenido relativa al atentado y pedirle que tomara medidas de inmediato a fin de garantizar la seguridad de la delegación china.
El 11 de abril nos telefonearon desde Beijing para avisarnos de que se había perdido el contacto con el Kashmir Princess y de que diversas informaciones indicaban que se había producido una fuerte explosión sobre el Mar de la China Meridional. Sin ánimos para cenar, permanecimos en vela a la espera de nuevas noticias. Con la siguiente llamada llegó la luctuosa noticia: tras haber despegado de Hong Kong y una hora antes de llegar a Yakarta, el avión estalló y cayó al mar, provocando la muerte de once personas, entre ellas ocho miembros de la delegación china y tres periodistas de Polonia, Vietnam y Austria.
Fue un incidente extremadamente lamentable. Posteriores investigaciones revelaron que cuando la delegación china avisó a las autoridades británicas de que había decidido cambiar su itinerario, los servicios secretos de Taiwán cancelaron el plan de asesinar a Zhou Enlai en Hong Kong. Pero no quisieron desaprovechar aquella oportunidad, ya que una parte de la delegación china sí iba a viajar a bordo del Kashmir Princess. Un agente taiwanés disfrazado de trabajador de tierra colocó una bomba de relojería en su depósito de combustible.
Lleno de angustia e indignación, el 15 de abril Zhou habló en Yangún con el primer ministro indio Jawaharlal Nehru sobre el vil atentado. Zhou propuso que un representante personal nombrado por él y un funcionario indio investigaran el caso conjuntamente. Tras una serie de arduas negociaciones llevadas a cabo por la parte china, las autoridades británicas reconocieron públicamente que la explosión del Kashmir Princess había sido un atentado político contra el primer ministro Zhou Enlai y la Conferencia Afro-Asiática .
Precisamente en esos tensos momentos, He Qian, secretario de seguridad del primer ministro, tuvo que ser ingresado en el hospital por una apendicitis. En Yakarta se encontraban ya otros tres guardaespaldas haciendo los preparativos. Así que yo era el único miembro del personal de seguridad que podía acompañar a Zhou. Todos estábamos cada vez más preocupados. Deng Yingchao, su esposa, le escribió una carta en la que le comunicaba su preocupación.
Pero Zhou nos dijo lo mismo que escribió a su mujer: "Hemos de cumplir nuestra misión por el bien de la paz mundial y de la amistad entre los pueblos del mundo y la nueva China. Aunque nos sucediera una desgracia, este viaje habría valido la pena. Gracias por vuestros consejos y vuestra buena voluntad. Después de este incidente, me preocuparé más por mi seguridad. Esto es como en una guerra: es imposible esquivar todos los peligros, pero uno tampoco puede lanzarse a ella sin la preparación adecuada. Actuaremos después de considerar todos los aspectos y de consultar con todos los compañeros. Por favor, pierdan cuidado".
La noche del día 11, el Comité Central del Partido Comunista de China encargó a Yang Qiqing, viceministro de Seguridad Pública, que acompañara al primer ministro en calidad de asesor y de encargado de los trabajos de seguridad e inteligencia. Con nosotros también viajaría Li Fukun, subdirector del Departamento de Escolta. El Comité Central afirmó que jamás permitiría que se repitiera ningún caso semejante con la delegación. Como el tiempo apremiaba, Li tuvo que llevarse el traje de gala del señor He Qian, que había caído enfermo.
El 14 de abril, Zhou Enlai, relegando decididamente su propia seguridad a un segundo plano, condujo a la delegación china hacia "el país de las mil islas" según lo programado. Durante su estancia en la ciudad birmana de Yangún, se reunió con los primeros ministros U Nu ?de Birmania?, Jawaharlal Nehru ?de la India? y Gamal Abudel Nasser ?de Egipto.
Dos días más tarde, mientras la delegación china ?incluidos el primer ministro Zhou Enlai y el viceprimer ministro Chen Yi? volaba hacia Yakarta, se produjo otro incidente. Al sobrevolar Singapur, el avión se vio envuelto en una tempestad que lo obligó a aterrizar. En aquel entonces, Singapur y China aún no habían establecido relaciones diplomáticas. Además, no sabíamos nada acerca del aeropuerto de Singapur. Nos sentíamos muy nerviosos y acordamos permanecer en el avión.
No obstante, cuando el aparato se detuvo, el director del aeropuerto subió a bordo e invitó al primer ministro chino a descansar en la sala de VIP. Zhou aceptó la invitación. Apenas llegados a la sala, Liao Chengzhi, asesor de la delegación, reconoció a dos agentes taiwaneses y nos dijo: "¡Cuidado con esos dos!". Yo me quedé en la sala acompañando al primer ministro y Li Fukun se puso a vigilar la puerta. Zhou, tranquilo y relajado, charlaba con el gobernador de Singapur, Malcolm McDonald, mientras tomaba el té y los bocadillos ofrecidos por el director del aeropuerto. Dos horas después, el avión despegó de nuevo sin que los dos agentes taiwaneses hubieran tenido oportunidad alguna de hacer nada.
Cuando arribamos a Yakarta, fuimos recibidos calurosamente por una multitud de indonesios y de chinos residentes en Indonesia. Situados a uno y otro lado de la calle, agitaban banderas de las dos naciones y exclamaban: "¡Viva China!", "¡Salud a Zhou Enlai!". Entre la muchedumbre también había alborotadores que gritaban consignas contra la nueva China; muchos de ellos eran agentes secretos de Taiwán. Además, entre el grupo de periodistas estadounidenses había personas muy sospechosas.
En vista de la situación, transmitimos al gobierno indonesio la información de la que disponíamos y le pedimos que se responsabilizara de la seguridad de nuestra delegación. Por lo que yo sé, el gobierno anfitrión tomó varias medidas, incluida la de detener a sospechosos.
El 20 de abril, tercer día de la conferencia, a la embajada china en Indonesia llegó una carta anónima que decía:
"Estimado señor:
Por favor, tenga a bien llamar la atención del embajador chino en Indonesia sobre lo siguiente: a principios de marzo, cumpliendo órdenes de la presidencia de la República de China, la célula de Yakarta directamente subordinada al Kuomintang (Partido Nacionalista de China) formó un comando integrado por 28 personas dispuestas a asesinar a Zhou Enlai, jefe de la delegación de la República Popular de China que asiste a la Conferencia Afro-Asiática de Bandung.
"Este comando lo formaron el 10 de marzo varios oficiales medios e inferiores del ejército de Kuomintang refugiados en la oficina de la célula Río Rojo. Cada integrante del comando recibió de la embajada estadounidense en Indonesia una pistola con silenciador y 200 000 rupias. Una vez logrado su objetivo, recibirán otras 200 000 rupias cada uno y quien logre eliminar a Zhou recibirá el doble de esa cantidad. El día 19 celebrarán una reunión para fijar la fecha de la operación.
"Entre los días 1 y 5 de este mes, los miembros del comando han estudiado la sede de la conferencia. Señor embajador, tenga la bondad de notificar todo esto a los responsables de las fuerzas de seguridad locales para que detengan a todos los miembros de dicho comando y proteger así la vida de Zhou.
"X, desertor del comando, 16 de abril de 1955".
Tras leer esta carta, el viceprimer ministro Chen Yi, convencido de que habría nuevos atentados contra Zhou Enlai, pidió a los encargados de seguridad que estudiasen una contramedida. Lo primero que hicimos fue, por una parte, redoblar la vigilancia; y, por otra, poner al corriente de la situación al primer ministro y entregar un memorando a las autoridades indonesias. Al escuchar nuestro informe, Zhou dijo que había que exigir al gobierno indonesio que tomara medidas más eficaces, ya que al fin y al cabo este se había comprometido a velar por nuestra seguridad. El memorando fue entregado a la cancillería indonesia por el asesor Yang Qiqing y el embajador Huang Zhen.
En la reunión de movilización interna que celebró la delegación, Chen Yi pidió que todos sus miembros asumieran una parte de los trabajos de seguridad. El viceprimer ministro y antiguo general afirmó: "Yo también soy guardaespaldas del primer ministro". Yang Qiqing, por su parte, llevó a cabo detallados y minuciosos arreglos.
En cierta ocasión en la que se dirigía a un rueda de prensa a la que asistían centenares de periodistas, Zhou tuvo que atravesar una multitud. Yang hizo que los diplomáticos Kang Maozhao y Shen Jian precedieran al primer ministro, ya que ambos, además de entender varios idiomas, eran de constitución fuerte, lo que les permitiría reaccionar rápidamente ante cualquier contingencia.
Aparte de las medidas programadas, siempre que el primer ministro aparecía en público, tomábamos esa precaución y adoptábamos medidas especiales acordes con la situación concreta. Gracias a los esfuerzos del personal de la embajada china en Indonesia y de los compatriotas residentes en este país, las medidas de seguridad se reforzaron eficazmente.
El gobierno indonesio nos mandó un capitán del ejército para encargarse de la seguridad y una escolta de siete motocicletas. El chofer del vehículo especial de Zhou era un interesante hombre de unos 50 años. Según nuestros compañeros de la embajada, cuando se supo que el primer ministro chino necesitaba un chofer, se presentaron cuatro candidatos. El puesto se adjudicó por sorteo y aquel hombre había sido el afortunado.
Establecimos dos reglas para el personal indonesio. La primera era que el automóvil especial de Zhou debía estacionarse en la sede de la delegación; y la segunda, que al finalizar la jornada, todos podían volver a su casa, excepto el chofer y el oficial de seguridad, que debían descansarse con la delegación. Procuramos atender lo mejor posible a los trabajadores indonesios: les invitamos a probar platos chinos y les ofrecimos regalos en nombre del primer ministro Zhou. Muy emocionado, el chofer nos confesó que nunca había conocido a una persona tan noble y digna como el primer ministro chino ni a unos altos diplomáticos tan amables como los chinos. Luego nos dijo que serviría a nuestra delegación aun con mayor dedicación.
El 24 de abril de 1955 fue una fecha histórica, ya que ese día se aprobó el Comunicado Final de la Cumbre Afro-Asiática. Para entonces, Zhou ya se sentía exhausto, puesto que todos los días, tras una intensa jornada de reuniones, tenía que entrevistarse con representantes de otros países, periodistas y chinos residentes en Indonesia, así como asistir a los cócteles y banquetes que ofrecían otras delegaciones. Aparte de esta intensa actividad pública, seguía trabajando con los miembros de la delegación hasta muy entrada la noche.
Siempre que salía de la sala de conferencias, una nube de periodistas y de gente común y corriente lo rodeaba para formularle preguntas, pedirle un autógrafo o tomarse una foto con él. En la jornada de clausura de la conferencia la atmósfera era especialmente tensa y en la puerta se agolpaba mucha más gente de lo habitual. La multitud no se separaba de Zhou ni siquiera cuando este tomaba un refrigerio. Dado que no había modo de pedirle un autógrafo, la gente se conformaba con hacer cola para tomarse una foto de recuerdo junto a él.
Como dijo un funcionario extranjero participante en la conferencia: "En el gran país que es la República Popular de China ha surgido un primer ministro tan respetable como Zhou. Entre los pueblos asiáticos y africanos, su recuerdo ondeará para siempre como una bandera".
Aquel día, unas diez delegaciones invitaron a los representantes chinos a los cócteles organizados para celebrar los éxitos conseguidos en el magno encuentro. Zhou, emocionado, asistió a todos ellos. Inmersos como estábamos en el júbilo de la victoria, nos olvidamos del cansancio acumulado a lo largo de la semana. Durante aquellos siete días, el primer ministro no se permaneció acostado más de trece horas. Me sentía avergonzado de que nosotros, los encargados de la seguridad, hubiéramos dormido más que la persona a la que debíamos proteger. Pero también es verdad que nunca dormimos en la cama, sino en un sofá y con la ropa puesta. Aquella semana en Bandung fueron los siete días más agitados en los más de veinte años durante los que trabajé al lado de Zhou.
Fuente: www.people.com.cn
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