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(GMT+08:00) 2005-04-20 10:34:07    
La Conferencia Bandung: un hito histórico

CRI
La reunión política de estados de África y Asia, celebrada en abril de 1955 en la ciudad de Bandung (Indonesia) y denominada oficialmente I Conferencia Afroasiática de Solidaridad, fue el primer gran encuentro de países del Tercer Mundo que no contó con la participación de países occidentales. El espíritu y los Diez Principios de Bandung ofrecieron las directrices para la construcción de unas relaciones internacionales basadas en un nuevo modelo. Se comprende así que dicha conferencia constituyera un magno acontecimiento político internacional y que haya pasado a la historia de la Humanidad como uno de los principales hitos del siglo XX.

En primer lugar, la Conferencia de Bandung marcó el inicio del Movimiento del Tercer Mundo, puesto que su celebración modificó el panorama político mundial y puso en marcha una reestructuración de las relaciones internacionales.

La convocatoria y celebración de esta reunión, la primera de su género en la historia, fue fruto de la iniciativa de un grupo de países recién independizados. Hasta entonces, las naciones débiles habían sido sistemáticamente marginadas de los acontecimientos internacionales, emprendidos y dirigidos siempre por las grandes potencias, en especial las occidentales. En ese contexto, la Conferencia de Bandung supuso la confirmación de la entrada de una serie de jóvenes países en el escenario político internacional como una fuerza independiente y señaló el fin de la época en que las potencias occidentales dominaban y decidían los asuntos internacionales, abriéndose así una nueva página en la historia de las relaciones internacionales.

Asimismo, la Conferencia de Bandung constituyó el antecedente inmediato del Movimiento de los Países No Alineados. En efecto, los promotores de la reunión y los participantes en ella eran a la vez los promotores y líderes de dicho movimiento. Entre ellos cabe destacar a Ahmed Sukarno, presidente de Indonesia; Jawaharlal Nehru, Gamal Abdel Nasser y U Nu, primeros ministros de la India, Egipto y Birmania, respectivamente; así como Norodom Sihanouk, rey y jefe de Estado de Camboya. Con el tiempo, los 29 países participantes en esta primera Cumbre Afroasiática de Solidaridad se convirtieron en elementos clave del Movimiento de los Países No Alineados. Por otra parte, el principio de paz e independencia promovido durante este encuentro daría lugar posteriormente al principio de paz, neutralidad y no alineación defendido por dicho movimiento. Por todo ello, cabe afirmar que la celebración de la Conferencia de Bandung sentó las bases ideológicas y organizativas del Movimiento de Países No Alineados. En ese marco, la unión de los países del Tercer Mundo formó el principal frente para la defensa de la paz mundial y se erigió en la fuerza mediadora más importante en la lucha que mantenían EE.UU. y la Unión Soviética por la hegemonía y en la contención de sus políticas expansionistas y belicistas. En cierto sentido, la Conferencia de Bandung simbolizó la emergencia de un nuevo poder político independiente de las dos superpotencias, la ruptura de la bipolarización entre EE.UU. y la Unión Soviética, y el preludio del multilateralismo.

En segundo lugar, la formulación de los Diez Principios de la Conferencia de Bandung, además de fortalecer la base legal del nuevo modelo de las relaciones internacionales, desarrolló y enriqueció el contenido de la Carta de la ONU y de los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica.

Estos Diez Principios son los siguientes:

1. Respetar los derechos humanos fundamentales y los objetivos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.

2. Respetar la soberanía y la integridad territorial de todas las naciones.

3. Reconocer la igualdad de todas las razas y de todas las naciones, grandes y pequeñas.

4. Abstenerse de intervenir o interferir en los asuntos internos de otros países.

5. Respetar el derecho de toda nación a defenderse por sí sola o en colaboración con otros Estados, en conformidad con la Carta de las Naciones Unidas.

6. a) Abstenerse de participar en acuerdos de defensa colectiva con vistas a favorecer los intereses particulares de una de las grandes potencias. b) Abstenerse de ejercer presión sobre otros países.

7. Renunciar a la agresión y a las amenazas de agresión y de uso de la fuerza en los contenciosos sobre la integridad territorial y la independencia política de cualquier país.

8. Resolver las cuestiones internacionales mediante tratados, conciliaciones, arbitrajes, arreglos judiciales y otros medios pacíficos elegidos libremente por las partes en conformidad con la Carta de las Naciones Unidas.

9. Promover los intereses comunes y la cooperación recíproca.

10. Respetar la justicia y las obligaciones internacionales.

Estos principios, en cuya formulación se aprecian claras diferencias con respecto a los principios jurídicos en que se fundaba el viejo orden internacional, proporcionaron unos criterios ideales para el tratamiento de las relaciones interestatales y ofrecieron una garantía jurídica y moral para el establecimiento de un nuevo orden en dichas relaciones. Los Diez Principios de la Conferencia de Bandung se convirtieron en el fundamento legal del nuevo modelo de las relaciones internacionales precisamente por ser radicalmente diferentes de los viejos estatutos internacionales.

1. El viejo derecho internacional había sido establecido por las potencias colonialistas e imperialistas con el único fin de coordinar sus intereses y relaciones, y facilitarles la repartición "ordenada" del mundo y la distribución pacífica de los expolios. Frente a ello, los Diez Principios, formulados por un grupo de países recién independizados, plasmaron el deseo compartido por esos pueblos de rechazar las agresiones e intervenciones extranjeras, y de salvaguardar su independencia política y su soberanía territorial; de oponerse a que las potencias se colocaran por encima de los países pequeños y medianos, y de luchar por la igualdad de su posición y sus derechos nacionales; y de contrarrestar las políticas expansionistas y belicistas de las potencias, y de salvaguardar la paz y la seguridad mundial. Todo ello contribuyó a establecer un nuevo orden en las relaciones internacionales y a defender los intereses fundamentales de la comunidad internacional.

2. El viejo derecho internacional también incluía una serie de principios relacionados con la soberanía nacional, la integridad territorial, la igualdad y la paz. Sin embargo, las grandes potencias decidieron que tales principios solamente era aplicables a los "países civilizados" y que no regían para los que ellos consideraban "países no civilizados". En la práctica, eso significaba que los países y las naciones débiles quedaban fuera del amparo del derecho internacional. En cambio, los Diez Principios tomaban en consideración a todos los países y establecían unas normas de conducta que toda la comunidad internacional debía respetar, así como la base legal que velaba por los derechos e intereses razonables de todos los países, sobre todo los pequeños y medianos.

3. El viejo derecho internacional era esencialmente discriminatorio. Las potencias ocupaban siempre una posición superior a la de los países menos poderosos, desigualdad que también imperaba entre ellas. Cuanto más poderoso era un país, más alta debía ser su posición. Los Diez Principios, en contraste, abogaban explícitamente por la igualdad de todos los países y naciones. Fueran fuertes o débiles, grandes o pequeños, ricos o pobres, todos eran iguales ante las leyes internacionales, ocupaban la misma posición y tenían el mismo derecho a participar en los asuntos internacionales.

4. El viejo derecho internacional ofrecía a las potencias una patente de corso para llevar a cabo su agresiva expansión. Las antiguas leyes internacionales elaboradas por las potencias sancionaban abiertamente la legalidad de las guerras emprendidas para apoderarse de territorios y colonizarlos; permitían a las potencias recurrir a la fuerza y a las amenazas armadas en el tratamiento de las relaciones internacionales; y otorgaba validez legal a la práctica de "conquistar y ceder" usada por estas en su proceso de expansión. En realidad, era una ley de la selva. Por el contrario, los Diez Principios descartaban categóricamente la teoría jurídica de la fuerza, recalcaban "el respeto a la soberanía y la integridad territorial de todos los países" e incluían la renuncia definitiva "a la agresión y a las amenazas de agresión y de uso de la fuerza en los contenciosos sobre la integridad territorial y la independencia política de cualquier país". En consecuencias, los Diez Principio ofrecían las garantías jurídicas necesarias para oponerse a la agresión y al expansionismo, así como para defender la independencia y la soberanía de todos los países, sobre todo los pequeños y medianos.

5. El viejo derecho internacional era un catalizador de guerras. Además de permitir a las potencias agredir a países y naciones débiles para conquistarlos, sembró las semillas de sus luchas entre ellas. La guerra napoleónica, así como la primera y la segunda guerra mundial, fueron provocadas por los desequilibrios existentes entre las potencias y la incapacidad del viejo derecho para controlar la situación. Los Diez Principios, por su parte, ofrecían a la comunidad internacional directrices básicas y normas jurídicas para resolver conflictos, evitar guerras y garantizar la paz regional y mundial, deviniendo con el tiempo en uno de los instrumentos más importantes en la prevención y reducción de los enfrentamientos bélicos.

En tercer lugar, la Conferencia de Bandung dio un nuevo impulso a los movimientos de liberación nacional y a las luchas emprendidas por los pueblos de Asia, África y América Latina contra el colonialismo, y aceleró la desintegración mundial de esta doctrina y práctica política.

Las consecuencias positivas de la Conferencia de Bandung para los movimientos en contra del colonialismo pueden sintetizarse en los tres puntos siguientes.

1º Esta importante reunión, de una magnitud sin precedentes y celebrada bajo la dirección de las fuerzas políticas entonces emergentes, representó una oposición frontal contra el colonialismo y un firme apoyo a las luchas por la independencia libradas por los pueblos sometidos al dominio colonial. A partir de entonces, con su ímpetu, prestigio, moralidad y sentido de la justicia, las fuerzas de liberación asiáticas, africanas y latinoamericanas abrumaron a las colonialistas, a las que con la fuerza de una avalancha terminaron por destruir.

2º El espíritu y los Diez Principios de Bandung ofrecieron un programa de acción y un rumbo correcto a los pueblos colonizados que combatían por su independencia, y proporcionó a los países recién independizados las armas ideológicas y jurídicas que necesitaban en su lucha contra el colonialismo y neocolonialismo, y en su lucha por la independencia y la soberanía nacional. De ahí que se considere que, victoria tras victoria, la Conferencia de Bandung dirigió a los pueblos del Tercer Mundo en su lucha contra el imperialismo y el colonialismo, y en su lucha por la independencia.

3º La Conferencia de Bandung no solo fortaleció la unión entre los países recién independizados así como su cooperación en la lucha contra el imperialismo y el colonialismo, sino que incrementó la solidaridad con los pueblos colonizados que pugnaban por su independencia y aumentó el apoyo a ellos. Por lo tanto, no cabe duda de que la Conferencia de Bandung dio un renovado auge a la lucha contra el colonialismo y a favor de la independencia nacional emprendida por los pueblos de Asia, África y América Latina. Tanto los países colonizados como los dependientes se sacudieron el yugo del colonialismo y lograron la independencia. A lo largo de los tres siglos transcurridos desde el surgimiento del colonialismo hasta la celebración de la Conferencia de Bandung, solamente unos treinta países habían conseguido la independencia política. En cambio, en las cuatro décadas posteriores a la conferencia, esa cifra superó el centenar, lo que certificó el fracaso total de la doctrina y el sistema colonialistas vigentes en todo mundo durante más de trescientos años. En este sentido, la Conferencia de Bandung contribuyó de manera decisiva a la derrota total y definitiva del colonialismo, y a la emergencia de los países del Tercer Mundo, marcando así un hito imperecedero en la historia mundial de los movimientos de liberación nacional.

En cuarto lugar, el primer ministro chino Zhou Enlai desempeñó un papel de primer orden en el éxito de la Conferencia de Bandung, abriendo con ello nuevas perspectivas a la diplomacia china.

Era la primera vez que la nueva China participaba en una reunión internacional. En consecuencia, dicha conferencia poseía una significación trascendental para el logro de los objetivos de elevar el prestigio de China en el mundo y de impulsar el desarrollo de la situación y las relaciones internacionales. El gobierno chino le concedió la importancia que se merecía y envió una delegación gubernamental encabezada por el primer ministro Zhou Enlai. Alarmadas por esta noticia, las fuerzas imperialistas y colonialistas, junto con las autoridades de Taiwán, maquinaron el atentado contra el avión Kashmir Princess, suceso que estremeció a China y el mundo entero. Su objetivo no era otro que el de asesinar a Zhou Enlai para de este modo obstaculizar la participación de China en la conferencia. No obstante, Zhou Enlai, tomando en consideración la importancia del evento para la unidad de Asia y África en su lucha anticolonialista, relegó decididamente a un segundo plano su propia seguridad y no solo participó en la conferencia, sino que fue uno de los principales artífices de su éxito.

La Conferencia Afroasiática se convocó en circunstancias muy difíciles y complejas. Entre los 29 participantes había países socialistas, países firmantes del Tratado de Manila y del Tratado de Bagdad ?aprobados ambos por EE.UU.?, y países neutrales; asimismo, había países que mantenían relaciones diplomáticas amistosas con el gobierno chino y otros que no las habían establecido, no se mostraban amistosos con China e incluso adoptaban una postura hostil hacia nuestro país. Todo ello dificultó la celebración de la conferencia. Pero el mayor obstáculo fue el hecho de que las fuerzas imperialistas y colonialistas, decididas a volver por los fueros de la antigua disposición de fuerzas, recurrieron a todos los medios a su alcance para sabotearla. Al constatar el fracaso de sus estratagemas, empezaron a provocar disensiones, a engatusar a algunos países y a sembrar cizaña, con el objetivo de desintegrar la conferencia y cambiar su orientación anticolonialista. Para este fin, EE.UU. envió a un grupo de más de setenta "periodistas" a la ciudad de Bandung y no tardaron en producirse graves perturbaciones y situaciones que afectaban negativamente al desarrollo de la conferencia. Aunque la mayor parte de los países apoyaban la lucha contra el imperialismo y el colonialismo, un número considerable de ellos difundían la ideología occidental. Hubo representantes que criticaron infundadamente el comunismo tachándolo de "autocracia", "dictadura" y " neocolonialismo". Algunos países presentaron una moción de "condena de todas las formas de colonialismo", pero entre ellas incluyeron el socialismo; varios países se opusieron al término "coexistencia pacífica" por considerarlo propio de los partidos comunistas; y hubo incluso representantes que acusaron abiertamente a China de fomentar las actividades subversivas en los países vecinos por medio de los chinos de ultramar. En el momento crucial en que parecía que la reunión iba a desviarse de su rumbo y llegar a un punto muerto, el primer ministro chino Zhou Enlai pronunció tres discursos tan oportunos como convincentes, llevó a cabo una intensa actividad diplomática fuera de la reunión. El conocimiento de la realidad y la gran perspicacia de Zhou Enlai, su pragmatismo, sus opiniones justas y razonables, su franqueza, sinceridad y amabilidad, así como su objetividad y sentido de la justicia en la resolución de los problemas impresionaron a todos los participantes en la conferencia y le valieron la adhesión de los pueblos del Tercer Mundo. El primer ministro chino llegó incluso a convencer plenamente a varios representantes de países que no mantenían relaciones amistosas con China.

En la Conferencia de Bandung, Zhou Enlai reiteró la validez de los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica, a saber: el respeto a la integridad territorial; la no agresión mutua; la no injerencia mutua en los asuntos internos; la igualdad y el beneficio recíproco; y la coexistencia pacífica. Aceptados por todos los participantes, dichos puntos se convirtieron en la idea fundamental de la reunión, lo que además de allanar el camino a su gran éxito histórico propició el nacimiento del espíritu de Bandung y la formulación de sus Diez Principios.

El ingenioso y valiente comportamiento de Zhou Enlai, su extraordinario carisma y sus destacadas aportaciones a aquel evento internacional le granjearon vivos elogios tanto de los participantes en la conferencia como de la opinión pública mundial. Tras haberlo alabado calificándolo de "general invicto en todos los debates", el jefe de la delegación libanesa declaró que Zhou Enlai había sido "el participante que ha cosechado mayores éxitos". Los medios de comunicación extranjeros dijeron que Zhou Enlai fue "el alma y el verdadero protagonista de la Conferencia de Bandung".

Gracias a su fructífero trabajo y a sus excepcionales dotes diplomáticas, el primer ministro chino logró que Asia, África y la comunidad internacional comprendieran mejor a China y tuvieran más confianza en ella. Al mismo tiempo, redujo en gran medida los malentendidos, los prejuicios y las dudas de la comunidad internacional con respecto a China, fomentó la amistad hacia nuestro país y elevó su posición e influencia en el mundo. Tras la conferencia, ante las relaciones exteriores de China se abrieron nuevos horizontes y un número creciente de países empezaron a establecer relaciones diplomáticas con el nuestro. En solo cinco o seis años, es decir, hasta 1961, más de diez países asiáticos y africanos establecieron este tipo de relaciones con China, lo que echó los cimientos del segundo apogeo del establecimiento de relaciones diplomáticas que se produjo en 1971, año que nuestro país recuperó su legítimo escaño en la ONU.

Los grandes éxitos logrados por Zhou Enlai y su delegación en la Conferencia de Bandung vinieron a añadir un esplendoroso capítulo a la historia de la diplomacia china. Las aportaciones del entonces primer ministro chino al inicio de un nuevo capítulo en las relaciones internacionales quedarán inscritas para siempre en los anales de la historia.

(Autor: Yin Chengde, investigador especial del Instituto Chino de Relaciones Internacionales.)