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(GMT+08:00) 2005-10-18 16:06:59    
Wang Xiaoshuai, líder de la sexta generación de directores chinos

CRI

Wang Xiaoshuai, figura emblemática del grupo de directores conocidos como la sexta generación, es una figura muy conocida en los círculos cinematográficos de nuestro país y entre los cinéfilos chinos. Buena parte de los directores chinos que en la actualidad tienen más o menos 40 años y se toman muy en serio el progreso del arte en general y del cine en particular. Quizás por ello, la mayoría de sus obras han sido mejor acogidas en el extranjero que dentro de nuestro país.

Recientemente, su producción titulada Sueños de Shanghai ha sido galardonada con el Premio del Jurado del 58 Festival Internacional de Cine de Cannes.

Esta película relata la historia de una familia china común y corriente durante las décadas de 1970 y 1980. Su protagonista es una joven de 19 años llamada Wu Qinghong, cuyos padres, alentados por el gobierno chino a participar en la construcción y el desarrollo de las atrasadas regiones del Oeste, emigran a Guiyang , una ciudad de la provincia suroccidental de Guizhou. Pasan los años y en la década de 1980, el padre de Wu Qinghong decide regresar a Shanghai, adonde llega justo cuando la joven empieza a sentir nacer en ella el amor por un joven llamado Xiaogen. Cuando el padre se entera de la situación, recurre a todos los medios, incluidos la vigilancia, la persecución e incluso la mentira, para destruir el primer amor de su hija. Tras una serie de incidentes, Xiaogen viola a Wu Qinghong, que es juzgado y condenado a la pena de muerte. Al conocer la sentencia, Wu Qinghong intenta suicidarse.

Después de ver Sueños de Shanghai, el espectador no puede por menos que sentirse deprimido. Al igual que en otras películas de Wang Xiaoshuai, en esta se plasman los sentimientos conflictivos y contradictorios experimentados por personajes insignificantes durante los primeros años de la reforma económica, así como la impotencia que invade su corazón. El ritmo de la película es lento; la descripción de los personajes, minuciosa; el ambiente en el que éstos se mueven, es decir, el de los años 70 y 80, se recrea recurriendo al registro casi documental de lo que sucede: los ejercicios gimnásticos en grupo, las proyecciones de películas al aire libre, la moda de las camisas a cuadros y los pantalones acampanados, la confección de carbón grueso en forma de panal, etc. Estos y otros elementos extraídos de la vida cotidiana de aquella época despiertan nostálgicos recuerdos en los espectadores de más de 35 años. Wang Xiaoshuai ha comentado lo siguiente sobre la filmación de esta película:

"Llevaba mucho tiempo pensando en realizar un film que hablara de esos años, unos años que forman parte importante de mi vida".

Cuando Wang Xiaoshuai tenía sólo dos meses, sus padres emigraron de Shanghai a la provincia de Guizhou, donde vivieron unos trece años. Wang Xiaoshuai empezó a aprender a pintar desde muy pequeño. En 1985 fue admitido en el Departamento de Dirección de la Academia de Cine de Beijing. Era la época en la que el cine chino resurgía y comenzaba a darse a conocer en todo el mundo. Prueba de ese resurgimiento fue la creación sucesiva de notables obras, entre las que cabe destacar Uno y ocho y Tierra amarilla. Cuando estudiaba en la Academia de Cine de Beijing, Wang Xiaoshuai vio y estudió con gran interés las obras maestras de las cinematografías china y extranjera.

La opera prima de Wang Xiaoshuai, titulada Aquellos días en invierno y primavera, narra la historia de una pareja de pintores cuya pasión mutua va apagándose bajo la monotonía de la vida cotidiana. La pintora decide ir a vivir al extranjero y, más tarde, se casa; el pintor se sumerge en una vida solitaria y termina por enloquecer. La BBC incluyó esta película en su selección de cien de las mejores producciones cinematográficas, hecho que supuso una importante muestra de reconocimiento al cine chino de la época. El original estilo de Wang Xiaoshuai fue perfilándose posteriormente con películas como Congelado, Tan cerca del paraíso y La bicicleta de Beijing. En estas y otras de sus producciones, el líder de la sexta generación de cineastas chinos expone las condiciones de vida, el sufrimiento y la perplejidad de la gente sencilla durante la primera etapa de la reforma económica y la apertura al exterior emprendidas por nuestro país. Asimismo, pone en juego su finura en la composición, revela su insistencia en modelar la imagen y deja un amplio espacio a la reflexión filosófica. Son películas todas ellas en las que su director explora la vida interior y, al mismo tiempo, expresa sus sentimientos y su amor a la vida. Si bien es verdad que no llegaron a ser éxitos de taquilla, no es menos cierto que han sido acogidas favorablemente por la crítica cinematográfica internacional. En 1998, Tan cerca del paraíso fue nominada para el Festival de Cine de Cannes; y La bicicleta de Beijing fue galardonada con el Oso de Plata del 51 Festival de Cine de Berlín. En cuanto a lograr éxitos la película "Sueños de Shanghai" en el Festival de Cine de Cannes, él comentó lo siguiente,

"Lo pasado fue satisfactorio para mi. En el futuro, el premio hará presentado un estimulo constante de mi carrera."

Wang Xiaoshuai pertenece al reducido grupo de cineastas chinos independientes es decir, de cineastas que no pertenecen a ninguna organización. Él mismo se preocupa de reunir los fondos necesarios para rodar sus películas, algo que cada vez le resulta más difícil. A lo largo de toda su carrera, Wang Xiaoshuai ha insistido siempre en hacer películas de alto nivel artístico, actitud a la que sigue fiel, a pesar de la importancia creciente que está adquiriendo el valor comercial de las producciones cinematográficas. A veces se dice que Wang Xiaoshuai valora más la posibilidad de poder expresarse a través de este medio que las reacciones de los espectadores. Respecto a este punto, el máximo exponente de la sexta generación de directores chinos comentó:

"Creo que la posibilidad de poder expresarme es tan importante como el efecto que tiene lo que expreso en los espectadores. A lo largo de los últimos cien años, la industria cinematográfica china ha recorrido un camino glorioso. Nadie piensa en las ganancias que puede reportar una buena película, sino en la riqueza de su contenido artístico y humano."

Aunque muchas de las películas chinas de alto nivel artístico no llegan a ser conocidas por el gran público, Wang Xiaoshuai insiste en mantenerse dentro de este ámbito. Su mayor deseo es extenderlo y seguir deleitando a sus seguidores con excelentes producciones.

(CRI)