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Madrugada de primavera
Meng Haoran
Dulce es el sueño en la primavera
No me despierta el alba
Por doquier se oye
el alborozado canto de las aves vocingleras
Anoche oí el rumor
del viento y de la lluvia,
y me pregunto: ¿cuántas flores se habrán caído?
La primavera es un tema frecuente en la poesía universal. Además de ser la estación más bella de las cuatro, por la vuelta a la vida de árboles y plantas en un impresionante retoñar y florecer, es también la más corta. Tanto su belleza como su vida efímera han inspirado poemas que celebran su llegada, lamentan su "muerte", o reflexionan sobre la brevedad de la vida. En la poesía china, la tendencia ha sido el lamento. Innumerables elegías le han dedicado nuestros poetas a la Primavera, tanto, que han llegado a constituir un tema convencional. El poema que les comentamos aquí, Madrugada de Primavera, de Meng Haoran, rompe este convencionalismo con el vigor y el optimismo que se percibe entre líneas.
El poema se abre proponiendo la escena de un despertar espléndido y placentero: la oscuridad se diluye llevándose consigo la lluvia ruidosa, entre tanto, los pájaros reciben el amanecer con el alborozo de su canto, desde dentro de las ramas recién-reverdecidas de los árboles, y despiertan al poeta, quien, debido al viento y la lluvia, no ha logrado conciliar el sueño la mayor parte de la noche, y todavía permanece en cama cuando llega la madrugada. La primavera, como la estación del florecimiento, la estación llena de vida y de colores, recrea la vista, y por eso, es siempre descrita por medio de impresiones visuales. No obstante, el poeta utiliza aquí señales auditivas: los pájaros, el viento y la lluvia, que nos dejan "escuchar" esta madrugada de primavera. Una vez despierto, lo primero que se le ocurre al poeta son las flores. Después del viento y la lluvia, ¿cuantos pétalos han caído? Lo que expresa esta pregunta no es un lamento sino una preocupación, que viene de el amor del autor por la naturaleza y la vida. Distinto al tono melancólico y triste que usualmente predomina en los poemas que tratan el mismo tema, el poeta utiliza aquí un lenguaje vivo y alegre. Lamenta la caída de las flores, señal del próximo fin de la primavera, pero lo que late en su corazón siguen siendo el amor y la esperanza. ¿Qué importancia tiene que hayan caído unos cuantos pétalos de las flores, si todavía son verdes los árboles, y alegre el canto de los pájaritos? La primavera viene y se va, una y otra vez, desde siempre y hasta siempre. Exactamente como la vida nunca cesa de renovarse. Unos mueren, pero otros nacen. Siempre que conservemos el amor hacia la vida y hacia todos los seres viventes, nuestro corazón no envejecerá. Y para una alma joven, ¿qué estación no es primavera?
En la segunda etapa de la dinastía Tang, entre los años 713 y 766, surgieron dos poetas que heredaron el temperamento poético de Tao Yuanming, inmortal poeta de la dinastía Jin, máxima expresión de la lírica bucólica y del paisaje. Uno de ellos es Wang Wei, el gran poeta equiparable en calidad y en fama a Li Bai y Du Fu, los dos gigantes de la poesía clásica china. El otro es Meng Haoran, autor de este poema Madrugada de primavera.
Meng Haoran es uno de los más importantes representantes de la escuela de la Poesía de Campo y Paisaje, que, como se indica la denominación, concentra en la descripción de la belleza de la naturaleza y de la vida apacible del campo. A diferencia de la mayoría de los poetas de la dinastía Tang, no asumió ningún cargo oficial y pasó toda su vida viajando o retirado en el campo. Esta vida de ermitaño determina el estilo sencillo pero significativo de su poesía, que purifica el alma de los lectores como una brisa fresca y limpia.
Meng Haoran nació en 689. Pasó su niñez y juventud en Xiangyang, su pueblo natal. A los 35 años, después de un fracasado intento por conseguir un puesto oficial en Luoyang, empezó a viajar por el sur de China. En el año 728, visitó a Chang´an, la capital, para presentarse en el examen imperial. Pero el destino le jugó otra mala pasada. Aunque no logró su objetivo, durante su estancia en la capital, ganó fama de poeta y consiguió entablar amistad con varios intelectuales de renombre. Entre ellos estaban Wang Wei, otro maestro de la poesía de campo y paisaje, Wang Changling y Zhang Jiuling. Todos estos figuran en la primera línea en la lista de los poetas más importantes de la dinastía Tang. En el año 740, Wang Changling pasó por el pueblo donde vivía Meng Haoran y lo visitó. Impactado por la emoción de la visita del viejo amigo, según se afirma, empeoró la salud del poeta ya emfermo, al punto que falleció poco después. Tanto durante su vida como después de su muerte, su poesía y personalidad fueron altamente estimadas por los poetas de la dinastía Tang, como Li Bai y Du Fu, y sus poemas breves, sencillos pero hermosos siguen deleitando a los lectores de hoy.
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